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E L    E C O N O M I S T A    D E    C U B A                             -- edición online --

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Neodesarrollismo brasileño, un viraje hacia el sur[1]
Por Ernesto Molina Molina.
[2]

El autor de este libro, Alejandro F. Díaz Palacios[3] realizó su tesis de doctorado, precisamente, con esta investigación. 

La obra que reseñamos hoy, de apenas 235 páginas, me atrevo a considerarla una breve historia política de Brasil, escrita por un autor cubano, que intenta realizar una valoración teórica novedosa del devenir del modelo de desarrollo brasileño en algo de más dos siglos hasta el presente más cercano. 

Aun cuando este libro fue escrito antes de los cambios reaccionarios que hoy se dan en Brasil y, en general, en Latinoamérica, vale la pena acudir a esta obra, porque  el pensamiento crítico de la izquierda latinoamericana y sus gobiernos tendrán que asumir posiciones cada vez más radicales, si aspiran a dirigir a las masas populares hacia objetivos de efectivo progreso social. 

Este libro tiene presente el enfoque Sur; y la Dra. Thalía Fung, quien escribe su prólogo, ha sido una de las científicas que ha enriquecido esta línea de pensamiento a partir de autores tan imprescindibles como Marx, Engels, Lenin, Martí, Bolívar, Ho Chi Minh, Che, Fidel, Chávez, figuras muy nuestras que han sabido enriquecer y promover un pensamiento propio para enfrentar los dilemas del proceso revolucionario a escala mundial; y que en definitiva, con este enfoque marxista se persigue el objetivo de comprender primero, y de transformar después,  al mundo muy diverso actual: porque permite identificar al sujeto revolucionario transformador, capaz de unir la diversidad de todos los intereses legítimos de las masas populares– que desde el llamado Sur – han de asumir formas de lucha a escala global para enfrentar al sistema del capital. 

Esta obra, además de su prólogo, consta de una introducción aclaratoria, 14 capítulos y dos epígrafes, dedicados estos últimos a unas consideraciones generales y a un epílogo. Luego de la Introducción, el libro se divide en tres partes. 

Primera Parte. De las doctrinas de la política exterior brasileña. 

En 4 capítulos, se presenta el “estado del arte” de la política exterior brasileña; y a continuación, las distintas experiencias de la  política exterior brasileña: el liberalismo, el desarrollismo y el neoliberalismo.

Segunda parte. El Neodesarrollismo brasileño. 

A nadie le cabe duda la importancia de Brasil hoy a escala mundial y regional, pero sin el estudio del devenir del modelo de desarrollo brasileño a lo largo de su historia, no es posible valorar a cabalidad su presente y su futuro. Ello explica por qué el autor le concede el mayor espacio en el libro a esta segunda parte, en que aborda desde el capítulo V hasta el capítulo X (6 capítulos) los vaivenes de la política exterior de Brasil conducentes al liderazgo o no en Suramérica, sus variables clave en distintas circunstancias históricas, sus actores internos y externos; y todo ello, especialmente relacionado con los vínculos con Estados Unidos y otros centros de poder.  

Tercera parte. Escenarios de la política exterior brasileña en el período 2007-2014. 

El enfoque prospectivo es una metodología de investigación conformada por un sistema de procesos y métodos de análisis dirigidos a impulsar el diseño del futuro, no como idealización abstracta, sino como referente en  construcción progresiva, que debe ser alcanzable  mediante la actuación del sujeto cognoscente- actor aportando elementos a tener en cuenta durante el proceso de planeación y de toma de decisiones[4]. 

En este caso, Alejandro Díaz Palacios encuentra un punto de inflexión en el devenir del Estado brasileño a partir del presidente Lula. Como quiera que el libro se concluyó en el 2007, el lector puede constatar que algunas de sus aseveraciones y previsiones se realizaron y otras no. Y sin embargo, es muy significativo el papel desempeñado por la política estratégica asumida por Lula y el partido de los Trabajadores, que si bien parte de una base reformista al modo cepalista – originado por las ideas de Vargas y Prebisch –  se produce un cambio importante, algo así como una nueva época (conocida en Brasil como el lulismo). 

Aquí, quiero introducir algunas precisiones sobre los vínculos dialécticos entre los cambios reformistas y los cambios revolucionarios en los procesos históricos que intentan resolver el problema del subdesarrollo. 

¿Cómo se puede salir del subdesarrollo?
 

·                    El criterio reformista  plantea que las estructuras pueden modificarse sin cambio en las instituciones, sin rupturas violentas.

·                    El criterio revolucionario plantea que es necesario optar por una política de desarrollo de tipo socialista, que planifique conscientemente el desarrollo en interés de todo el pueblo en su conjunto.

·                    El criterio reformista supone que existe una burguesía nacional capaz de ofrecer una salida nacionalista o autónoma del subdesarrollo.

 

·                    El criterio revolucionario considera que la dependencia es impuesta también desde adentro de los Estados nacionales subdesarrollados, pues las burguesías dominantes en esos países aceptan consciente y gustosamente sus estrechos vínculos con el capital extranjero y no están interesadas en eliminar el subdesarrollo.

·                    El criterio revolucionario afirma que es necesario poner todos los recursos naturales y humanos del país al servicio del país, encaminar esos recursos en la dirección necesaria para alcanzar los objetivos sociales que se persiguen.

Lo cierto es que en los procesos históricos, los intentos de cambios reformistas suelen preceder a los cambios revolucionarios. 

El análisis de la historia de la política exterior brasileña le permite al autor identificar los modelos que han guiado desde la fundación del Estado hasta nuestros días, a saber: el liberal (1822-1930); el desarrollista (1930-1990); y el neodesarrollista reformista-heterodoxo (2003- ?).  

Evidentemente, antes de la época lulista, los modelos liberal y desarrollista priorizaron la búsqueda de una dominación en la región latinoamericana y caribeña al servicio de la oligarquía brasileña, sin ocuparse de resolver las enormes desigualdades sociales a lo interno de Brasil. 

Conviene ahora citar en extenso al autor, sin pretender con ello eximir al lector de leer toda la riqueza del texto, que si bien ya los escenarios son otros, lo histórico sigue teniendo la vigencia que las masas populares brasileñas le conceden al lulismo:
 

Con la llegada al poder del presidente Lula y del Partido de los Trabajadores (PT) en 2003, se estableció un programa de gobierno que trató de guardar algunas herencias del modelo neoliberal e introducir componentes del desarrollismo, así como la incorporación de elementos de justicia social dirigida a reducir y eliminar la exclusión social. Se instauró el modelo neodesarrollista reformista-heterodoxo.

 

La política exterior del presidente Lula representó un fuerte empuje a la profundización del proceso de integración suramericano tanto hacia el eje platino como hacia el amazónico-andino, y fue reforzada con el diseño y aplicación de la doctrina de la suramericanización de la política exterior regional de Brasil, sobre la base de la interdependencia entre los destinos del país con los de sus vecinos suramericanos, al colocarse el proceso de integración subregional como un imperativo para la consecución de los objetivos prioritarios de la diplomacia brasileña. La ejecución de la doctrina de la suramericanización de la política exterior regional se realizó a través del incremento de su actuación en la subregión en dos planos: el impulso del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) – como primer escalón – y la consolidación de la Comunidad Suramericana de Naciones (Unasur), como segundo.[5] 

Si bien ya los escenarios han cambiado, como hemos señalado, el estudio de esta obra de   Alejandro F. Díaz Palacios puede ser un punto de partida para enriquecer el análisis prospectivo o de escenarios para el mediano y largo plazo en nuestra región latinoamericana y caribeña, sin perder de vista que la ciencia política con enfoque Sur, ha de tener presente que en nuestros días: se ha venido produciendo cierto renacer de una nueva izquierda latinoamericana y caribeña con su respectivo pensamiento crítico.  

Pero también se ha desarrollado el pensamiento y la práctica “anticrítica”: frente a este cambio progresista en la región caribeña y latinoamericana, la reacción ha organizado una estrategia con resultados importantes en Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia. Pareciera que se iniciara un ciclo negativo para los procesos revolucionarios y progresistas en América Latina. Nosotros preferimos coincidir con François Houtart, cuando expresa:[6]

Hablar sobre el final de un ciclo introduce la idea de un cierto
determinismo histórico, lo que sugiere la inevitabilidad de alternancias de poder entre la izquierda y la derecha, concepto inadecuado si el objetivo es sustituir la hegemonía de una oligarquía por regímenes populares democráticos. Sin embargo, una serie de factores permiten sugerir un agotamiento de las experiencias post-neoliberales, partiendo de la hipótesis que los nuevos gobiernos fueron post-neoliberales y no poscapitalistas.

Obviamente, sería ilusorio pensar que en un mundo capitalista, en plena crisis sistémica y, por lo tanto, particularmente agresivo, el
establecimiento de un socialismo "instantáneo" es posible. Por cierto también existen referencias históricas sobre el tema. La NEP (Nueva Política Económica) en los años veinte en la URSS, es un ejemplo para estudiar de manera crítica. En China y en Vietnam, las reformas de DengXio Ping o del DoiMoi (renovación) expresan la convicción de la imposibilidad de desarrollar las fuerzas productivas, sin pasar por la ley del valor, es decir, por el mercado (que se supone el Estado debe regular). Cuba adopta, de forma lenta pero prudente a la vez, medidas para agilizar el funcionamiento de la economía, sin perder las referencias fundamentales a la justicia social y el respeto por el medio ambiente. Entonces se plantea la cuestión de las transiciones necesarias.

Por tanto, el pensamiento crítico de la izquierda latinoamericana y sus gobiernos han de pasar de ser post-neoliberales a post capitalistas. La Revolución Cubana ha logrado resistir bajo el principio de responder a cada golpe con más revolución.


[1]Alejandro F. Díaz Palacios, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013. 

[2] Miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba; Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” y Presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico y Economía Política de la ANEC.

[3]Alejandro Díaz Palacios, doctor en Ciencias Políticas, graduado de Relaciones Políticas Internacionales en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), La Habana. Profesor Titular, ha sido funcionario en la cancillería cubana y representante en varios países, miembro de la cátedra de la Ciencia Política de Enfoque sur de la Universidad de La Habana.

[4] Ver: MichelGodet, De la Anticipación a la Acción, Manual de Prospectiva y estrategia, (traducción de la obra original De l’anticipation a l’action),  publicado por Marcombo S.A., Barcelona, España, 1993.; Introducción a la Prospectiva estratégica, Curso de formación en Prospectiva estratégica, Universidad de la Sabana, Centro de Prospectiva, Bogotá, 1995. 

[5]Alejandro F. Díaz Palacios,Neodesarrollismo brasileño, un viraje hacia el sur, p. 207,  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013.

[6] Ver: FrançoisHoutart frente a la derecha, en Cuba Debate, 2016.
 

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