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E L    E C O N O M I S T A    D E    C U B A                             -- edición online --

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Evo en la Mira: CIA Y DEA en Bolivia[1]
Por Ernesto Molina Molina.[2]

Este libro es resultado de una investigación histórica, sobre la base de testimonios y entrevistas (historia lejana y reciente); pero que hace énfasis en la identidad de los pueblos originarios de Bolivia; y del papel relevante desempeñado por Evo Morales Ayma, al frente de los procesosactuales  de transformación en la sociedad boliviana.

La edición cubana del presente libro, consta de dos prólogos (de Pavel Alemán Benítez y Adolfo  Pérez Esquivel); una introducción de la autora, un importante discurso de Evo Morales; y a continuación, 7 partes subdivididas en 26 capítulos. La primera de todas es esencial para entender el vía crucis recorrido por el mandatario boliviano en sus años mozos de dirigente cocalero, incluidas las detenciones y golpizas, así como los intentos de asesinato, a los que fue sujeto en una época de extrema violencia política que incluía ejecuciones extrajudiciales de todos aquellos opuestos a la política antinarcóticos impuesta por Estados Unidos a Bolivia.

A continuación, cito en extenso el prólogo de Pavel Alemán, porque logra sintetizar de manera excelente el contenido del  libro:

Evo Morales es el más destacado dirigente indígena y popular entre aquellos que contribuyeron a organizar a los pequeños productores de coca, a construir lo que denominaron “Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos”, en franca diferenciación del sistema de partidos políticos tradicionales que como denominador común llegan al gobierno por voto popular y gobiernan en perjuicio de los derechos de la mayoría de los ciudadanos.

 

Entre 1997 y 2003, sufre una feroz campaña mediática para desprestigiarlo, intentos de soborno, amenazas y chantajes, el intento de cooptarlo políticamente con ofertas de cargos públicos, de aislarlo bajo supuestos cargos delictivos, y finalmente el de liquidarlo políticamente expulsándolo de un Congreso a donde había llegado como Diputado por elección popular con el mayor voto registrado en la historia política de Bolivia.  

Un elemento importante en el cual se detiene Stella Calloni es en el papel de la CIA, los planes e intrigas para impedir que Evo Morales llegara al gobierno, y después para tratar de derrocarlo urdiendo complots y  acciones violentas como las de Sucre y Pando en 2008: 

Doblegar al Evo dirigente era golpear al movimiento popular, esto lo comprende y relata Stella Calloni en los primeros capítulos de esta obra, donde utiliza oportunamente entrevistas y citas de documentos desclasificados que prueban, sin lugar a dudas, la sistemática injerencia del gobierno y de las agencias federales estadounidenses. Para reír fuera si no implicara la gravedad del asunto, las supuestas acusaciones de vínculos con el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL), o con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), o la pueril afirmación del ex embajador de Washington ante Bolivia, Manuel Rocha, de que los cocaleros eran “talibanes”, meses después de los trágicos y aún sombríos eventos del 11 de septiembre de 2001. 

En estas páginas se evidencia la fuerte participación  de la embajada de Estados Unidos y la USAID en la preparación de “golpes suaves” para derrocar a Evo, golpes que ahora están de moda en la región para derrocar gobiernos progresistas e independientes:

Hay dos detalles que nos revelan la férrea voluntad popular por disputar el poder político a una elite sumisa e incapaz, aliada a las transnacionales expoliadoras y al capitalismo central cuyo eje radica en Estados Unidos. El ascenso político de Evo Morales, aún en las difíciles condiciones existentes en el 2002, se apreciaba en su capacidad para disputar la presidencia de Bolivia, cedida solo ante la coalición de partidos tradicionales enfrentados entre sí y aliados frente al pueblo; y la conversión del Movimiento al Socialismo (MAS), en segunda fuerza política legislativa.

 

Y este es uno de los legados políticos que transfiere la experiencia de los movimientos sociales en Bolivia: voluntad, perseverancia, paciencia y capacidad de diálogo para concertar alianzas con sectores afines: cocaleros, campesinos, estudiantes, movimientos vecinales y sindicales. Una alianza alimentada por la lucha a favor de la protección del patrimonio nacional, en defensa de la soberanía sobre los recursos naturales. Las llamadas “guerra del agua” (2000) y “guerra del gas” (2003), despertaron el nacionalismo popular y tributaron notablemente, a través de un estado de convulsión social permanente, a la acumulación de fuerza “crítica” necesaria para alcanzar por la vía electoral el gobierno y acceder a la transformación de Bolivia, a su “refundación republicana”. 

El libro expone con fundamento como los agricultores bolivianos se han opuesto sistemáticamente a la erradicación de las plantaciones de hoja de coca, porque su cultivo es fuente de trabajo y el consumo de esta hoja es parte del patrimonio cultural, de las tradiciones y costumbres seculares en la región andina. Su reclamo nada tiene que ver con el lucrativo negocio ilegal del narcotráfico.

 

Una mención aparte merece el capítulo 4 que pormenorizadamente detalla la conspiración urdida entre funcionarios diplomáticos, de inteligencia y militares estadounidenses junto a algunos de sus pares bolivianos para “desarmar” a Bolivia en los meses previos al proceso electoral de diciembre de 2005, en el que Evo Morales resultó electo por primera vez como Jefe de Estado de esa nación.

 

El robo de algunas decenas de misiles antiaéreos que constituían el grueso de la capacidad de defensa tierra-aire de ese país, siembra la duda de si se planificó un golpe militar previo o posterior a unas elecciones donde las encuestas daban como ganador a Evo Morales.

 

Queda por escribir si ante el hipotético escenario de golpe que enfrentase la resistencia popular y de sectores de las Fuerzas Armadas favorables a la renacionalización (re-estatización) de los hidrocarburos, se hubiera producido una intervención militar abierta. La invocación por la Organización de Estados Americanos (OEA) de la Carta Democrática, hubiera facilitado en esas circunstancias que un grupo de países de la región, aliados de Estados Unidos, ante la “ruptura del orden democrático” actuaron como “fuerza de paz” bajo pretextos humanitarios.

 

En tiempos presentes, en el lenguaje del Departamento de Defensa de Estados Unidos y en el de sus socios de la OTAN a este intervencionismo se le denomina “responsabilidad de proteger”. Seguramente habrá que esperar una futura desclasificación de documentos estadounidenses que arrojen luz sobre este pasaje en la historia de las relaciones interamericanas.

 

Lo cierto es que tras la elección de 2005, se abrió el camino para una Asamblea Constituyente que permitiera contar con una nueva Constitución Política, cuya primera contribución fue explícita, la de reconocer el carácter plurinacional de ese Estado. Pero el camino resultaba empedrado. La oposición al cambio contraatacaba constantemente, creaba focos de inestabilidad, promovía la paralización del país, y desde entonces se nucleaba bajo la demanda autonómica (léase secesionista) en los departamentos de la llamada “Media Luna”: Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando.

 

Ante dos visiones de país diferentes y contrapuestas, que disputaban la hegemonía sin poder consolidarse ninguna de las dos, el sector conservador se replegó al territorio donde controlaban las prefecturas y el aparato administrativo, para desde allí promover el golpe llamado “cívíco-prefectural”, después de que el referéndum revocatorio confirmara por una mayoría de dos tercios al presidente Evo Morales y redujera la presencia de prefectos opositores.

 

En esos brotes de violencia exacerbada, de marcados matices racistas y antidemocráticos, tuvo un protagonismo importante el también embajador estadounidense Philip Goldberg, cuyo currículum le ubica casualmente en funciones diplomáticas en la zona balcánica, en Bosnia y Kosovo, en momentos de tensiones étnicas de naturaleza separatista. Lo que se pretendió con los eventos de agosto y septiembre de 2008, fue “balcanizar” el territorio boliviano, y no por gusto varios de los mercenarios contratados para asesinar a Evo Morales en abril de 2009, tenían en común su experiencia de combate en las guerras libradas durante el proceso de desintegración de Yugoslavia. Pero los hechos luctuosos vinculados con la matanza de campesinos en Pando, el 11 de septiembre de 2008, deslegitimaron cualquier cariz supuestamente democrático de los “autonomistas”. Paralelamente, esos hechos marcaron la actuación responsable de una nueva institución de carácter regional: la Unasur.

 

Stella Calloni hace énfasis en el papel de la DEA, la NAS, la CIA y la USAID como organizadores, apoyo logístico y financiero de la oposición boliviana, y a algunas de estas instituciones dedica capítulos in extenso en los que aborda su historia, particularmente en su injerencia en América Latina, y especialmente en el caso boliviano.

 

Calloni no se olvida de mencionar a algunas fundaciones ultraconservadoras estadounidenses que actúan de mecenas como la NationalEndowmentforDemocracy (NED) o la HeritageFoundation, las mismas que participaron activamente contra el gobierno venezolano de Hugo Chávez, tal y cual fuera denunciado por la jurista y periodista venezolano-estadounidense Eva Golinger en su libro El código Chávez, o en los múltiples artículos del periodista canadiense Jean-GuyAllard.

 

Tampoco obvia el vínculo de los opositores bolivianos con la Fundación para el Análisis Económico Social (FAES), dirigida porel neo-franquista ex presidente español José María Aznar. Pero su atención se centra en la reactivación del Plan Cóndor a través de la red de ex militares de la dictadura argentina, ex oficiales del servicio de seguridad pinochetista, paramilitares colombianos, y en general la ultraderecha regional con el patrocinio del ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez.  

Los éxitos económicos y políticos del gobierno de Evo Morales están a la vista.La adhesión de Bolivia como miembro pleno del MERCOSUR en la XLVIII Cumbre de Brasilia consolida la fortaleza de este bloque suramericano que se impuso como nuevos retos ampliar el comercio interno y explorar otros mercados.Los mandatarios de las naciones integrantes del Mercado Común del Sur (Uruguay, Paraguay, Argentina, Venezuela y Brasil) dieron la bienvenida a la zona a Bolivia, con una extensión de un millón 98 mil 581 kilómetros cuadrados y 10 millones de habitantes.

Los Estados Unidos y sus aliados, tratando de desviar o hacer retroceder las fuerzas que se le oponen en el mundo, en la historia muy reciente que apreciamos, intentan establecer el cerco a Rusia y China, llevan adelante las guerras de despojo y ocupación en el Medio Oriente y otras regiones en búsqueda de sus recursos naturales y gobiernos dóciles, el manejo de los precios mundiales de las producciones según su conveniencia y ahora, en el caso de América Latina y el Caribe, la política de derrocar gobiernos progresistas y de izquierda por la vía ¨ suave¨ de la ¨política inteligente¨ del Señor Obama, en alianza con los partidos de derecha, los medios masivos de comunicación, el poder judicial y la corrupción, atacando los eslabones más débiles pero muy importantes estratégicamente como los gobiernos de Argentina y Brasil, el intento ( fallido) de neutralizar a la revolución cubana y la guerra sin cuartel contra el gobierno revolucionario y bolivariano de Venezuela.
 

En pocas palabras: criminales de lesa humanidad aliados para deponer por la fuerza a cualquier gobierno de izquierda que pretenda, seriamente, subvertir las relaciones de dominación que han impuesto en América Latina las oligarquías domésticas y sus metrópolis de referencia. Esta denuncia no es fruto de la paranoia de una izquierda temerosa y atribulada por la historia de las décadas anteriores.

 

Se trata de una oportuna denuncia, porque esta articulación de la ultraderecha regional y sus patrocinadores externos es la parte menos visible del iceberg de conflictos de baja intensidad y “golpes suaves”, con los que se pretende hacer naufragar los proyectos emancipadores que en el bicentenario de la independencia latinoamericana tratan de rescatar la soberanía e independencia esquilmadas.  

Bolivia es una economía que ha mostrado un buen desempeño económico en medio de la crisis global.Desde el punto de vista estratégico y geopolítico, su ingreso aMERCOSUR abre las puertas a un territorio con una gran dimensión y una relevancia internacional insoslayable.A partir de este momento, el nuevo miembro pleno tendrá cuatro años para adecuarse a las normas del MERCOSUR, lo que implica usar la Tarifa Externa Común, la cual se usa en las transacciones comerciales con terceros países. 

El imperialismo no perdona. Estos éxitos “imperdonables” de Evo, lo tendrán en la mira permanente de Estados Unidos y la CIA.


[1]Stella Calloni, Evo en la Mira CIA Y DEA en Bolivia, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014. 

[2] Miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba; Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” y Presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico y Economía Política de la ANEC.

 

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