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La Revolución Pospuesta
Por Ernesto Molina Molina

Como quiera que este libro cuenta con el prólogo de Fernando Martínez Heredia, solo aspiro a añadir algunas ideas inspiradas por este libro de Ramón de Armas (que todos los cubanos debiéramos leer) acerca del concepto martiano sobre “la segunda independencia”.

Ramón de Armas Delamarter-Scott (La Habana, 1939-1997), si bien realizó importantes investigaciones que fueron publicadas en Cuba y en el extranjero (Pensamiento Revolucionario Cubano, tomo 1, 1971; la República Neocolonial, tomo 1, etc), la obra que ha merecido mayor reconocimiento ha sido: La Revolución Pospuesta. En esta obra el autor detalla cómo fue que se abortó la Revolución que proyectó Martí y cómo se sustituyó el programa radical republicano, por una simple aspiración a la independencia.

La labor teórica de los historiadores suele ser subestimada por algunos científicos sociales, cuando suponen que solo describen los acontecimientos, y lo que es peor, que lo hacen desde la perspectiva de los vencedores, aquellos que hicieron primar sus intereses en la lucha de clases que ha caracterizado por siglos la Historia de la Humanidad. Es cierto que este tipo de historiadores ha existido y existen aún. Este no es el caso de Ramón de Armas.

Un historiador como Ramón de Armas es un legítimo heredero de las ideas de Carlos Marx, quien supo encontrar el criterio de la verdad acerca del devenir de la sociedad en los hechos históricos concretos. Pudiera pensarse que La Revolución Pospuesta como libro histórico tiene una importancia solo relacionada con el pasado. Así como hoy, en este mundo turbulento, estamos obligados a concebir escenarios y alternativas diferentes en el curso de los acontecimientos históricos, así también determinadas figuras históricas lo han sido, precisamente por adelantarse a los acontecimientos. Este fue el caso de José Martí.

Martí apreció el surgimiento de los monopolios capitalistas y su expresión en la concentración del poder económico y político: La oligarquía pecuniaria. También analizó como la exportación de mercancías y capital hacia nuestros países llevaría a convertir la región en presa económica y política de esa oligarquía pecuniaria yanqui.

Por tanto, para lograr la emancipación verdadera de América Latina, no bastaba acabar con el colonialismo español. Había que acabar con la debilidad económica de América Latina, mantenida por las estructura coloniales heredadas, y que ahora eran defendidas por las oligarquías criollas, cada vez más subordinadas al capital extranjero.

Los países de América Latina tenían que acceder al progreso social, no bastaba con la liberación nacional. Por eso Martí aspiraba a la independencia absoluta de Cuba, fomentar la de Puerto Rico y alcanzar en los demás países latinoamericanos “la segunda independencia”.

Se cita con mucha frecuencia la carta de Martí vísperas de su muerte a Manuel Mercado, cuando menciona “la segunda independencia”. La interpretación más frecuente viene asociada a como con la independencia de Nuestra América de España no se garantizó la independencia total, pues una nueva metrópoli (Estados Unidos de América) comenzaba a establecer una nueva forma de dominio sobre nuestra región.

Lo valioso del libro de Ramón de Armas es identificar claramente a los sectores, también reconocidos por Martí, nada menos que dentro del ejército mambí, contrarios a una nueva república que eliminara las estructuras coloniales heredadas, y que por tanto representaban los intereses de las oligarquías criollas, cada vez más subordinadas al capital yanqui.

Por tanto, el concepto de “la segunda independencia” incluye acabar con los elementos heredados del viejo colonialismo español que persistían en nuestras repúblicas.

Martí explica los dos rasgos fundamentales que caracterizan el desarrollo socioeconómico y político de nuestros países a fines del siglo XIX:

1) Las formas o elementos heredados del viejo colonialismo español que persistían en nuestras repúblicas.

2) La asimilación de ideas y formas importadas y postizas que más que aceleran el desarrollo lo entorpecían, pues nuestros políticos desconocían la verdadera América y sus necesidades.

... entró a padecer América, y padece de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y las ideas y formas importadas que han venido retardando por su falta de realidad local, el gobierno, lógico.

Martí había conocido el despotismo colonial en Cuba, las formas de gobierno monárquico y republicano en España, las endebles y confundidas repúblicas latinoamericanas y la cada vez más corrompida república norteamericana.

Lo principal para Martí era responder a los problemas específicos de nuestra América, incorporando a las masas populares al proceso de transformación y desarrollo: "un progreso no es verdad sino cuando invadiendo las masas, penetra en ellas y parte de ellas"

Martí observó como América Latina padecía de:

1- La existencia de formas caducas e injustas de tenencia de la tierra; métodos atrasados de explotación agrícola; utilización de instrumentos rudimentarios; monocultivo y monoproducción.

2- Excesivo apego y dependencia, en muchos casos, a las riquezas mineras -riqueza finita y con desigual distribución natural y geográfica entre países y cuyos ingresos no se utilizaban para financiar el desarrollo.

3- Existencia de industrias distorsionadas, incipientes, atrasadas.

4- Pobre y a veces nula instrucción de las masas trabajadoras.

Frente a estas realidades, en el artículo "Guatemala" que publica en México en 1878, Martí propone:

La riqueza exclusiva es injusta. Sea de muchos; no de los advenedizos, nuevas manos muertas, sino de los que honrada y laboriosamente la merezcan. Es rica una nación que cuenta muchos pequeños propietarios. No es rico el pueblo donde hay algunos hombres ricos, sino aquel donde cada uno tiene un poco de riqueza.

Para Martí la pequeña propiedad sobre la tierra permitiría:

- Romper la concentración de la propiedad territorial que caracterizaba la totalidad de nuestros países.

- Una distribución más justa de la propiedad y la riqueza.

- Disminuir la posibilidad de que unos hombres vivieran a expensas del trabajo de otros.

- Disminuir paulatinamente los antagonismos económicos y sociales.

- Que el hombre de campo reconquistara su personalidad perdida o dañada y por tanto, su libertad.

Para ello, para orientar el fomento de la pequeña producción agrícola, había que contar con la ciencia y la técnica modernas; la instrucción politécnica de los trabajadores agrícolas; erradicar el monocultivo y transformar la agricultura en industria agrícola.

Lo más urgente para Martí era descentralizar Las grandes propiedades territoriales que impedían el desarrollo económico y la justicia social.

Según su opinión:

La distribución de la propiedad, y el cambio de tierras estériles en tierras productivas, aunque lastime preocupaciones de partido y añosos intereses tradicionales, es causa inmediata de riqueza del país, lograble fácilmente con la creación de pequeños propietarios.

La idea de iniciar el desarrollo en América Latina por la agricultura, mediante la distribución de la tierra a través de la pequeña propiedad, no significa un retroceso histórico, considerando que Martí asocia este paso a un proceso de transformaciones científico técnicos en la agricultura, que dieran la posibilidad de explotar nacionalmente cada tramo de tierra cultivable y donde el Estado debía tener la responsabilidad de unir y dirigir todas las fuerzas materiales y espirituales de la sociedad en función del desarrollo, incorporando al indio, al negro, al mestizo, al pueblo, al proceso general del desarrollo.

El establecimiento de una república de pequeños productores significaba para Martí -en la situación latinoamericana- una vía de desarrollo que permitiría la defensa de los intereses nacionales mayoritarios frente a los sectores nacionales conservadores y evitaría, a la vez, la apropiación de nuestras tierras por extranjeros, como observó estaba sucediendo en México.

Al mismo tiempo, Martí aspiraba a un desarrollo industrial posterior de América Latina, no alcanzable en lo mediato.

En 1884, señala:

Países industriales, ni somos, ni en mucho tiempo podremos ser: necesitamos, pues mejorar constantemente nuestros cultivos (...) necesitamos crear cultivos y explotaciones nuevas.

Martí previó, no obstante, que para alcanzar el desarrollo autóctono de América Latina, era imprescindible el desarrollo industrial:

Es imposible (...) que un gran territorio agrícola y minero no sea también un gran territorio industrial. Es imposible que tan gran reino vegetal no traiga en su diadema toda de joyas nuevas, industrias propias y originales. Es imposible que del maguey no surjan nuevos telares, nuevas ruedas de dientes poderosas, nuevos cobertores, nuevos cordelajes, nuevos paños, espíritus nuevos. Es imposible que tales riquezas industriales queden en abandono o en desmayo; porque lo que tiene razón de vivir trae consigo tal pujanza que no hay preocupación de escuela, ley hostil o capricho pasajero que lo ahoguen..

Martí aspiraba, por tanto, a que en América Latina se crearan y desarrollaran industrias que estuvieran asentadas en la existencia de recursos propios en cada país, cuyas producciones pudieran ser competitivas tanto en el mercado interno, como en el externo.

Finalmente, hay un tercer elemento esencial para caracterizar el concepto de Martí acerca de “la segunda independencia” a lograr: la creación necesaria de La Unión de Naciones Latinoamericanas y Caribeñas.

La Carta de Jamaica fue escrita por Bolívar el 15 de septiembre de 1815, cuando la lucha contra el coloniaje español en América aún no se había coronado en éxito. Además de reafirmar la seguridad en el triunfo independentista, El Libertador propone la constitución de una Confederación de Estados Latinoamericanos como la solución institucional para la consolidación de la independencia.

En esta ocasión, los términos utilizados por Bolívar fueron los siguientes:

Es una idea grandiosa pretender de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América…Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración…

Martí y Fidel han sido dignos continuadores de las ideas bolivarianas: “la segunda independencia” solo podrá consolidarse cuando seamos una sola nación latinoamericana y caribeña. ¿Es una utopía? ¿Es un sueño imposible? ¿A qué le tememos? ¿A perder nuestra soberanía?

Fidel Castro el 26 de julio de 1972, en la Plaza de la Revolución “José Martí”, expresó:

…!Y, en lo que se entiende como país soberano, nosotros no sacrificaremos un solo atributo de la soberanía por exigencia de los imperialistas! Nosotros, nuestra soberanía podemos diluirla entre todos los pueblos de Latinoamérica, para integrarnos en el seno de una comunidad mayor, nosotros nuestra soberanía podemos diluirla en el movimiento revolucionario, pero frente al imperialismo, ni el más mínimo, ni el más elemental atributo de nuestra soberanía aceptaremos ni discutirlo siquiera.


BOLIVAR, Simón; sitioweb www.alternativabolivariana.org
CAÑIZARES, Fernando Diego; “Teoría del Derecho”; p. 207, Editorial Pueblo y Educación; La Habana.
 

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