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La Teoría del Sistema Capitalista Mundial.1
Por Ernesto Molina Molina.2

La intelectualidad revolucionaria cubana no tuvo acceso con facilidad a la obra de Samir Amín en las primeras décadas de la Revolución Cubana. Quizás, contadas personas conocieron de sus libros en aquellos tiempos. Casi se pudiera decir que todavía hoy es insuficiente el conocimiento que tenemos de su extensa y fructífera obra. Con el ensayo de la intelectual argentina Gabriela Roffinelli acerca de la teoría del sistema mundial de Samir Amín, contamos desde el 2005 en Cuba con una síntesis coherente de esta teoría y de la personalidad revolucionaria de quien debimos conocer a profundidad desde las primeras décadas de nuestra Revolución.

Es cierto que Carlos Marx investigó preferentemente al capitalismo inglés, porque su sistema de contradicciones había alcanzado mayor desarrollo que en otros países, pero Marx siempre llamó la atención hacia el carácter internacional del modo de producción capitalista y consideró el comercio mundial como condición necesaria de la llamada acumulación originaria del capital.

Cuando comprendió que las relaciones de renta estaban muy desarrolladas en Rusia, se dio a la tarea en los últimos años de su vida, de investigarlas.

Los aportes de Lenin a la teoría de la renta del suelo tienen mucho que ver con la mayor complejidad como se presentan estas relaciones en Rusia.

Hoy más que nunca, nuestras investigaciones del capitalismo contemporáneo deben abarcar la economía mundial como un todo único, pero sobre todo, aquellos autores que pertenecemos al hoy llamado Sur político, debemos conocernos y compartir nuestras investigaciones, pues difícilmente encontraremos las formas de lucha idóneas frente a la globalización neoliberal con un enfoque nacional estrecho.

Coincidimos con Samir Amín en defender una concepción renovadora del socialismo que asuma tareas globales:

1. La construcción de un sistema global que no esté al servicio del mercado mundial.

2. La organización del desarme mundial.

3. Organización del acceso a los recursos del planeta de forma equitativa.

4. Replanteamiento del papel de las instituciones internacionales.

La filosofía marxista - presente en la concepción del desarrollo de Samir Amín - sostiene que la forma de globalización y sus efectos sociales dependen definitivamente de la lucha de clases.

En este sentido, los Estados del Sur han de ser capaces de implantar políticas antisistémicas de desconexión. Este último término no es sinónimo de autarquía y tentativa absurda de “salir de la historia”, como el propio Samir Amín expresa.

Desconectar es someter las relaciones propias con el exterior a las exigencias prioritarias de su propio desarrollo interno. Este concepto es pues antinómico del preconizado y que llama a “ajustarse” a las tendencias dominantes mundialmente, ya que este ajuste unilateral se paga necesariamente por los más débiles, acentuándose aún más su periferización.

Desconectar es convertirse en un agente activo que contribuye a modelar la globalización de una manera contraria a lo que es ajustarse ésta a las exigencias de su propio desarrollo.

Es sorprendente como este libro da a conocer la forma independiente como Samir Amín desarrolló sus ideas y solo después tuvo contacto con los latinoamericanos que defendieron la Teoría de la Dependencia.

Esta teoría había surgido en la América Latina en los años 60. Tiene mucha similitud con la concepción de Samir Amín, porque intenta explicar las nuevas características del desarrollo dependiente, que ya se había implantado en los países latinoamericanos.

Las ideas centrales más coincidentes entre los teóricos de la dependencia (Theotonio Dos Santos, Ruy Mauro Marine, Vania Bambirra, André Gunder Frank, se pueden sintetizar así:

1. El subdesarrollo está conectado de manera estrecha con la expansión de los países capitalistas industrializados.

2. El desarrollo y el subdesarrollo son aspectos diferentes del mismo proceso universal del capitalismo.

3. El subdesarrollo no puede ser considerado como la condición primera o punto de partida para el proceso histórico del desarrollo.

4. La dependencia, con todo, no es solamente un fenómeno externo, sino que se manifiesta también en diferentes formas de estructura interna (social, ideológica y política).

Es justo reconocer el aporte realizado por los teóricos de la dependencia al esclarecimiento de los mecanismos de dominación imperialista en los países subdesarrollados, particularmente en América Latina. Y sin embargo, los marxistas llamados “ortodoxos”, quizás olvidando la riqueza autóctona de un Mariátegui, la emprendieron en una crítica cerrada con estos autores.

Es importante destacar la crítica de André Gunder Frank a aquellos científicos sociales que sostenían que el atraso de América Latina implicaba combatir los rezagos feudales que persistían de la etapa colonial. En otras palabras, en América Latina sólo correspondía llevar adelante revoluciones burguesas. Una vez declarada la Revolución Socialista en Cuba, a partir de 1962, Gunder Frank argumenta el carácter capitalista de América Latina desde la etapa colonial -un capitalismo dependiente- y por tanto, la necesidad de llevar adelante la revolución socialista en América Latina, tal y como la había realizado Cuba.

Hay un núcleo duro que vincula la Teoría de la Dependencia con el enfoque del Sistema -Mundo: se analiza la formación y la evolución del modo capitalista de producción como un sistema de relaciones económico-sociales, políticas y culturales que nace a finales de la Edad Media europea y que evoluciona en dirección a convertirse en un sistema mundial.

Hay un reconocimiento expreso de Samir Amín a la obra de estos autores, que rompían con una cierta visión lineal de la historia del capitalismo por el marxismo dominante de la época, pero sobre todo contra la idea “etapista” defendida por Walt Whitman Rostow.

Ningún especialista en temas del Desarrollo debiera desconocer la obra de Samir Amín al respecto.

Samir Amín ha expresado con relación al tema “Desarrollo”, las siguientes ideas:

El tema “Desarrollo” tiene sentido cuando existe un programa, un proyecto: la Revolución Cubana se propuso encontrar soluciones a problemas sociales elementales que ningún otro país de todo el continente latinoamericano y del Caribe había resuelto, se propuso acabar con el analfabetismo y la dominación extranjera, lograr el acceso a la escuela, a la salud, a la vivienda, al trabajo; cada país se plantea sus propias conquistas y a partir de su propia identidad nacional y los intereses sociales promotores del cambio, llevan adelante su proyecto de desarrollo.

El tema “Desarrollo” no tiene sentido para los neoliberales, admiten el tema de la pobreza, pero si se les habla de desarrollo, dicen que no saben de que se trata. No comprenden la naturaleza del problema.

Vivimos una época parecida a los principios del siglo XX, cuando el capitalismo parecía ser la única sociedad posible en el mundo, con un pensamiento único y un mercado regulador único.

Estas apreciaciones tan positivas acerca de la Revolución Cubana parecieran contraponerse a lo que Samir Amín expresó en una entrevista realizada por la autora en Argentina y que aparece en este libro:

Quizás haya proyectos de burguesía nacional en los países ex socialistas. Principalmente: Rusia y China. Cuba también, sin duda, pero no hay un proyecto de burguesía nacional en ningún otro país, sean los países más industrializados como Argentina, Brasil, Egipto e India o países menos industrializados, como los de África Subsahariana.3

Nosotros podemos coincidir en parte con Samir Amín cuando señala la desaparición de una auténtica burguesía nacional en nuestros países del Tercer Mundo y en especial, en América Latina. Podemos incluso reconocer que el carácter de una revolución se define por las tareas que cumple y no por la clase que dirige dichos procesos; pero no podemos aceptar que nuestro “proyecto” responda “sin dudas” a los intereses de una burguesía nacional.

El Plan Bush es un proyecto imperialista. Podemos aceptar que nuestra Revolución es perfectible, pero socialista. Y sin dejar de valorar el aporte indiscutible de la obra teórica y práctica al servicio de un mundo mejor que se identifica con el socialismo y el comunismo, aceptaríamos debatir con Samir Amín esta afirmación suya.

Con relación al tema “el debate a lo interno del marxismo contemporáneo y sus fuentes originales”, Samir Amín ha expresado las siguientes ideas:

Conviene distinguir entre Marx y el marxismo. Es importante comprender la palabra “crítica” en su sentido filosófico, tal y cual la utiliza Marx en el subtítulo de su obra El Capital: Crítica de la Economía Política, desde tres planos diferentes:

1. Como crítica de la alienación: cómo se impone el capital a la sociedad como “fuerza natural”.

2. Por supuesto, la crítica de la realidad actual solo podemos encontrarla en El Capital de Marx en su sentido más esencial, pero por supuesto, exige el análisis muy concreto del capitalismo global contemporáneo.

3. Cuando surge la experiencia socialista en la periferia del capitalismo: Rusia, China, Vietnam, Cuba, etc., surgió una “teoría de la construcción socialista”, legitimada a posteriori como teoría oficial, algo que no estuvo presente en Marx. (Eso no es marxismo).

Ha habido marxismo creador después de Marx y de Lenin, y muy particularmente en el Tercer Mundo, en América Latina, por ejemplo. Es lógico que el marxismo se desarrolle sobre todo enfrentado a los retos reales del capitalismo vivo. Recordemos los aportes de la teoría de la Dependencia en los años 60; y hoy se abre paso lo que se ha dado en llamar el “enfoque Sur”

Estas ideas de Samir Amín hacen recordar la rica polémica de los años 60 en Cuba, el interés tan profundo que tuvo Ernesto Che Guevara por el tema “alienación” en relación con la construcción de la nueva sociedad no sólo para Cuba, sino para todo el Sistema Socialista.

Se pudo percibir entonces cierta resistencia a admitir aportes al marxismo en la construcción del socialismo que no provinieran de los países con más experiencia: los países socialistas más desarrollados.

El Che fue un crítico en las tres vertientes planteadas por Samir Amín y en otra vertiente más: su vocación de luchador y constructor práctico, dispuesto a criticar y a perfeccionar nuestra construcción socialista, entendiendo “nuestra” con un sentido internacionalista.

Invitamos a todos los lectores “del Norte y del Sur” a adentrarse en este Ensayo, bien escrito, sucinto pero incitante, provocador a la reflexión crítica, a encontrar nuevas alternativas de lucha. Y seguimos esperando por ediciones de los mejores libros de Samir Amin, un legítimo autor del Sur.



1 Gabriela Roffinelli, La Teoría del Sistema Capitalista Mundial. Una aproximación al Pensamiento de Samir Amín. Ruth Casa Editorial, 2005.

2 Miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba; Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” y Presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico y Economía Política de la ANEC.

3 Gabriela Roffinelli, La Teoría del Sistema Capitalista Mundial. Una aproximación al Pensamiento de Samir Amín, p. 119, Ruth Casa Editorial, 2005.
 

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