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Cuba en un nuevo escenario, perspectivas de desarrollo económico
Por Ernesto Molina Molina

[23.02.2017]-
Actualización  11:30 pm de Cuba


El libro que presentamos hoy, de un numeroso grupo de autores cubanos y extranjeros, le ha dado la oportunidad a Jorge I. Domínguez de escribir un prólogo cuyo título hubiera podido ser: “¿Qué hacer? Eso no. ¿Qué hacer? Eso sí.”

Los acontecimientos han sido tan vertiginosos, que un libro tan interesante, especialmente polémico, aún cuando en su título señala “un nuevo escenario” con Obama y sus medidas hacia Cuba; ahora con Donald Trump de presidente de los Estados Unidos, habrá que esperar por un nuevo escenario.

Y no obstante, vale la pena consultar y estudiar este libro, ya sea para coincidir, ya sea para discrepar. Porque ciertamente, se ha producido un punto de inflexión en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos; y para nuestra economía es fundamental acceder a la inversión extranjera, especialmente, la estadounidense, ya que ello significaría el fin del bloqueo.

Todos los autores, sin excepción, aluden a este tema: la necesidad de la inversión extranjera directa (IED), porque un elemento de negociación entre el Gobierno cubano y el estadounidense es, precisamente, la apertura a la inversión económica extranjera, prevista desde febrero de 1982 al aprobarse le Ley 50, con la finalidad de ingresar divisas, buscar mercados y tecnologías, en tanto para el inversionista asegura la libre remisión de capital al exterior o la exención de impuestos sobre ingresos brutos, junto a la garantía de poder disponer de una fuerza de trabajo altamente calificada y la seriedad y garantía de los contratos.

Cuba considera esas inversiones como un componente importante en el camino del desarrollo económico; ninguna esfera de la economía nacional, excepto la educación, la salud y las fuerzas armadas, le está vedada, y las leyes y reglamentaciones cubanas procuran crear las mejores condiciones para el funcionamiento de estos negocios, siempre y cuando ofrezcan al país tecnología, acceso a mercados o financiamiento.

La política hacia la inversión extranjera puede tener cambios importantes cuando el Gobierno de Estados Unidos reconozca el derecho legítimo de nuestra Nación y nuestro pueblo a elegir soberanamente el sistema social que defendemos.

La forma como el presidente Obama argumentó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba y su disposición a apoyar la eliminación del bloqueo, ratificó la política de eliminar por otros medios el sistema social que defendemos. Por eso, defendió en su discurso la necesidad de dirigir la inversión hacia Cuba hacia el sector no estatal.

Si con Donald Trump la política fuera otra, y se lograra dirigir también la inversión estadounidense hacia el sector estatal, ello sería un reconocimiento distinto, muy distinto, al proclamado por Obama a la política interna del gobierno cubano, pues implicaría un tipo socioeconómico llamado por Lenin: capitalismo monopolista de Estado, afín a nuestro Modelo de desarrollo socialista, mientras que Obama solo pretendía dirigir la inversión hacia el sector privado.

Ello no significaría que el Gobierno de Estados Unidos con Donald Trump renunciara a la política de eliminar el sistema social en Cuba; aunque sí significaría que dado su enorme poder económico muy superior al de Cuba, trataría de subordinar tecnológica y financieramente el sistema empresarial cubano. Por eso, tiene tanta importancia estratégica para Cuba este tema: cómo poner al servicio de la propiedad socialista el capital ajeno, cómo regular la cartera de inversiones. Lo anterior adquiere mayor importancia si se tiene en cuenta la imposibilidad que tiene nuestro país de obtener crédito de las instituciones financieras internacionales y su encarecimiento en el contexto actual.

No por enfrentarnos a un nuevo escenario con Donald Trump, el libro pierde actualidad, si se tiene presente que la nueva Ley de Inversión Extranjera aprobada el 29 de marzo del 2014 por los diputados de la Asamblea Nacional, ciertamente, nos puede traer en un futuro no lejano: crecimiento económico, diversificación de producciones, ampliación de relaciones y mercados internacionales, introducción de nuevas tecnologías, posibilidades de contratación de fuerza de trabajo. La vida ha demostrado que un país sin crecimiento económico no se desarrolla. El crecimiento no es desarrollo, pero el desarrollo sin crecimiento no es posible. Por otra parte, no podemos depender de la economía de un principal aliado en los negocios – recordemos lo que ocurrió cuando el derrumbe del campo socialista. Tenemos que encontrar fuentes de financiamiento en cualquier lugar del mundo, en todo aquel que le interese invertir en Cuba. Al mismo tiempo, debe estudiarse el tipo de inversión para aceptar cual nos conviene.

El libro está estructurado en cuatro partes de forma muy coherente:

Tendencias mundiales y contexto de políticas.
Un nuevo escenario: el deshielo entre Cuba y Estados Unidos.
La transformación gradual del Modelo Económico Cubano.
Desafíos del Desarrollo Económico Cubano.

En la primera parte, Eva Paus y Claes Brundenius abordan en sus capítulos respectivos el tema de la “trampa de ingresos medios” en los países pequeños, como Cuba.

El concepto de trampa de ingresos medios alude a una situación en la que un país de ingresos medios ya no está en condiciones de competir a escala internacional con productos de carácter homogéneo e intensivos en mano de obra, porque sus salarios son demasiado elevados en términos relativos, ni tampoco está en condiciones de competir en actividades de alto valor agregado en una escala suficientemente amplia, porque su productividad es demasiado baja.

Se reconoce por Brundenius que Cuba tiene una trayectoria brillante de inversiones en su capital humano, aunque ha perdido intensidad en los últimos años. Pero al compararse las experiencias de Taiwán y Cuba en sus políticas de industrialización acelerada, Cuba se rezagó por depender de la exportación de un producto básico (el azúcar) sin seguir el ejemplo de Taiwán, que fue cambiando sus exportaciones hacia productos de alta tecnología.

En la segunda parte, Paolo Spadoni y Anamary Maqueira ponen el énfasis, precisamente, en proponer mejores incentivos a la inversión extranjera, aludiendo a los obstáculos “burocráticos”; si bien se reconoce la lentitud de las decisiones de Obama de producir un verdadero deshielo del bloqueo.

Marlén Sánchez Gutiérrez aborda un tema complicado: los distintos escenarios para explorar un acercamiento de Cuba a las instituciones financieras internacionales, sus ventajas y peligros.

En la tercera parte, Juan Triana Cordoví, Oscar Fernández Estrada e Ileana Díaz Fernández, analizan críticamente el devenir del Modelo económico cubano, sus distintas etapas hasta el presente (2014); sus zigzag (centralización – descentralización); resultados, insuficiencias, el problema de la propiedad y la gestión; la planificación y el mercado; e incluso, la formación de las Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial, a las cuales se les señala como principal limitación que las relaciones Estado-empresa no son claras, pues el Estado asume un control extremo, con muy baja participación de los colectivos laborales en las decisiones empresariales.

En particular, Ileana Díaz Fernández destaca la importancia de contar con un verdadero empresario socialista.

Aquí quiero hacer un paréntesis. La figura del empresario aparece en la obra de Marx en el capítulo XXIII del tercer tomo de El Capital: “Interés y Ganancia del Empresario”. Marx explica como el capital inactivo en manos de un capitalista, puede ponerse en activo por otro capitalista en períodos diferentes. Este capitalista que pone en acción al capital es el empresario; y el otro, que facilita el capital – dinero, es el propietario del capital. Por tanto, el capital a préstamo empleado en el proceso de producción proporciona ganancia, que ha de ser compartida entre el capital-propiedad y el capital función. En apariencia la ganancia del empresario es resultado de su trabajo, y el interés es resultado del capital-propiedad.

En Schumpeter, la figura del empresario está vinculada a aquella nueva combinación de factores que rompe la rutina, que rompe el equilibrio, que revoluciona la estructura y la vida del sistema económico:

Nadie es empresario durante todo el tiempo de su actividad.
El empresario no es el inventor que descubre cualquier nuevo procedimiento productivo (puesto que la tarea propia del empresario no es hacer tal descubrimiento, sino utilizarlo en la producción efectiva). Tampoco es el que soporta el riesgo (el propietario).
El día que el proceso de introducción de innovaciones se haga automático e impersonal, no serán necesarios los empresarios. El día que no sea necesaria la iniciativa individual. El día que no haya resistencia al progreso.

Una vez que Schumpeter establece su concepto de empresario, pasa a abordar el tema de la innovación y el desarrollo.

La introducción en el sistema de una innovación es un acto empresarial, y empresario es aquel que lleva a cabo dicho acto. Por lo tanto, el acto empresarial es específico del desarrollo.

¿Se puede ser competitivo sin la figura de un verdadero empresario socialista?
Algo debiéramos aprender de Marx y Schumpeter al respecto. En una sociedad socialista bien diseñada, el empresario innovador es imprescindible.

En la cuarta parte, los autores (Ricardo Torres, Omar Everleny Pérez Villanueva, Fulvio Castellacci, Saira Pons), abordan como tema central el papel decisivo que desempeña el sector externo en una economía tan abierta como la cubana.

En las actuales condiciones de cadenas globales productivas, una pequeña economía muy abierta como la cubana, tiene que acceder a esos encadenamientos productivos mediante una selección adecuada acorde con las fortalezas propias logradas, sobre todo con el llamado “capital humano” desarrollado en estos más de 50 años de desarrollo propio. La idea consiste en identificar aquellas variables que permitan a los diversos actores sociales conducir al modelo socialista cubano hacia el futuro deseado, en un determinado período de tiempo. Y la inversión extranjera directa es una de esas variables hoy por hoy.

Una economía abierta no vive de lo que exporta, sino de la diferencia entre sus costos de producción y los precios que logra en el mercado. Y los costos dependen de los insumos importados y la productividad del aparato productivo nacional. Para poder importar lo que el país no produce, el país tiene que exportar no solo servicios con alto valor agregado, sino también productos y bienes con alto valor agregado: ello exige acceder a fuentes de financiamiento externo.

Si para acceder al conocimiento científico tecnológico un país subdesarrollado ha de esperar pacientemente por la ayuda externa; entonces cada día estará más lejano su desarrollo próspero y sostenible.

El análisis económico contemporáneo ya no puede seguir contemplando el cambio tecnológico como una variable exógena, dependiente de la ayuda externa condicionada. Cuando esto sucede, los países subdesarrollados ven sometida su capacidad de cambio tecnológico a la reproducción del capital transnacional. Aún cuando los países subdesarrollados se industrialicen hasta cierto punto, no acceden fácilmente a la tecnología más avanzada.

Si Cuba no accede al nuevo paradigma técnico económico, difícilmente podrán defenderse de este nuevo orden mundial. Los BRICS, felizmente, han logrado iniciar este camino difícil. Es cierto que en estos países emergentes de desarrollo medio; o dicho con más exactitud, de desarrollo muy desigual a lo interno de sus estructuras económicas, solo se pueden identificar algunos sectores clave de elevada competitividad tecnológica internacional. Pero ya ese solo hecho evidencia el papel del conocimiento científico técnico en la competitividad.

La complejidad de lo que demanda el mercado (diferenciación del producto, normas culturales, entrega, servicio posventa, especialización, eficacia de las redes, tiempo de tomar la decisión de producción hasta poner el producto en el mercado, flexibilidad productiva), todo ello exige remuneración salarial que cuente con manos, hombros y mente de los obreros e ingenieros.

El nuevo paradigma técnico económico impone un enfoque flexible del sistema de producción (equipos y maquinaria multipropósito), con amplia utilización de la microelectrónica y la computación al proceso productivo - se incorpora con más intensidad el conocimiento y la información -, se entrelazan la industria y los servicios, se acorta el ciclo productivo, se reduce el tamaño de las plantas y el componente de mano de obra (más robots); se reduce también el consumo de energía y de recursos naturales por unidad de producto; y se modifica el modelo gerencial privilegiando el recurso humano (capacitación, flexibilidad, motivación). ¿Está preparado el sistema empresarial cubano para ello?

Ello exige que la competitividad se enfoque en sistema - desde diversos ángulos. Acceder al nuevo paradigma técnico económico no puede ser fruto de un esfuerzo individual y empírico. Sin un sistema de educación bien concebido a todos sus niveles (técnica, media especializada y superior) y una red de laboratorios de investigación (I-D) a nivel nacional, sectorial y empresarial, no es posible acceder a ese nuevo paradigma técnico económico y en ello juega su papel el Estado.

Cuba ha avanzado por este camino. Los autores lo reconocen, pero quieren más. Porque en algo han coincidido todos los autores que emprendieron la misión de escribir este libro: en describir lo que consideran ellos harían de otro modo si fueran ellos quienes tomaran las decisiones en la Cuba que acaba de restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

Por supuesto, los autores extranjeros tienen toda su libertad de criterio para defender lo que ellos “harían” (y no tienen derecho a hacer) y los cubanos con mucha más razón para recomendar o asesorar a los tomadores de decisión en las políticas económicas soberanas del país. Una oportunidad más para debatir académicamente.

 

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