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Fernando Fajnzylber Una visión renovadora del desarrollo de América Latina
Por Ernesto Molina Molina

El título de este libro identifica muy bien a Fernando Fajnzylbert (Santiago de Chile, 1940-1991) porque realmente este brillante economista renovó la concepción estructuralista iniciada por Raúl Prebisch en América Latina y en el seno de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Uno de los méritos de esta obra es brindar información biográfica del autor al tiempo que va presentando la evolución de su pensamiento teórico. Tengo que decir que mi admiración por las ideas tan creativas de Fernando Fajnzylbert, me llevaron a leer este libro casi como una novela, porque me interesé también por la persona que me hubiera gustado conocer personalmente.

Creció en el seno de una familia de inmigrantes judíos. De 1958 a 1963 estudió ciencias económicas en la Universidad de Chile. Durante los años siguientes trabajó como asesor de diferentes organismos del sistema de la ONU en Brasil. En 1971, con el gobierno de Salvador Allende, fue nombrado Director del Programa de Comercio Exterior. El golpe de Estado de septiembre de 1973 lo obligó a exiliarse en México, donde trabajó en diversas instituciones de investigación y universidades. Entre 1980 y 1986, fue jefe de la representación de la Organización de ls Naciones Unidas para el desarrollo industrial, ONUDI, en Ciudad de México. En 1986, Fajnzylbert regresó a Santiago de Chile y asumió la dirección del Departamento de Desarrollo Industrial de la CEPAL. Fajnzylbert murió inesperadamente en la madrugada del 28 de diciembre de 1991 a la edad de 51 años.

A continuación, presento una síntesis del índice por capítulos de esta obra, para posteriormente, hacer énfasis en lo que considero el aporte teórico principal en la obra de Fajnzylbert.

Parte I Fernando Fajnzylber: un creador

Capítulo I El propósito de este libro

Capítulo II Fernando Fajnzylber y su tiempo (1940-1991

Capítulo III Viaje por el pensamiento y obra de Fajnzylber en la construcción de la economía política de Fajnzylber

Parte II Fragmentos escogidos de los escritos de Fajnzylber

Capítulo IV Fernando Fajnzylber: su visión del desarrollo productivo y empresarial en América Latina (1970-1976)

Capítulo V Estilos de crecimiento: experiencias internacionales comparativas (1977-1991)

Capíulo VI Conceptos esenciales en la obra de Fajnzylber

Capítulo VII La transformación productiva con equidad: la conclusión del pensamiento de Fajnzylber (1989-1991)

Parte III Bibliografía oficial de Fajnzylber

Bibliografía cronológica de Fajnzylber

Bibliografía temática de Fajnzylber


Con los años 90 y luego de la “década perdida” el estructuralismo devino neoestructuralismo y abrazó la consigna “Transformación productiva con equidad”. Fernando Fajnzylber contribuyó significativamente a la idea central defendida por CEPAL en cuanto a una estrategia para América latina que lograra una transformación productiva basada en la incorporación deliberada del progreso científico técnico que articulara lo económico, lo político, lo cultural y lo social:

La transformación productiva debe tener un carácter sistémico, que abarque todos los sectores productivos y de servicios, que permita alcanzar un desarrollo homogéneo progresivo en los niveles de productividad nacional y regional.

Este desarrollo no debe limitarse sólo a la empresa, sino que debe abarcar todo el conjunto social.

Debe ser compatible con el medio ambiente
Debe contemplar la cohesión social, lo cual requiere una relación adecuada entre crecimiento y equidad, pues sin crecimiento no es posible lograr mejor equidad social.

Debe reconocerse la relación dialéctica entre crecimiento y distribución; aquellas políticas económicas que conducen al crecimiento, deben ir acompañadas de políticas sociales que mejoren la distribución a favor de las capas mas desfavorecidas, lo cual a su vez puede conducir a mejoras en la productividad y el crecimiento.

La integración regional y la cooperación intrarregional contribuyen a afirmar la Transformación Productiva con Equidad.

Hay que modificar las formas de regulación estatal, priorizando las políticas fiscales que conduzcan a ampliar las fuentes de financiamiento estatal.

Hay cierta semejanza entre estas ideas actuales de CEPAL con la concepción de Michael Porter acerca de la competitividad de las naciones; no basta con alcanzar un nivel determinado de desarrollo industrial orientado hacia el mercado interno; es necesario crear un aparato productivo nacional suficientemente competitivo en el plano internacional.

Avanzar por la senda de la transformación productiva con equidad requiere llevar a cabo una reestructuración sustancial del Estado. Ello implica, por un lado, que éste deje de realizar muchas funciones en que la acción estatal no se considera esencial, principalmente en la esfera productiva, y, por otro lado, que asuma en forma más rigurosa ciertas funciones clave, como el manejo macroeconómico, la inversión social y distributiva, el apoyo a la inserción internacional y a la incorporación del progreso técnico al proceso productivo, y la defensa del medio ambiente.

Precisamente, la macroeconomía estructuralista requiere de un Estado con fuerte capacidad recaudatoria para hacer más eficiente su capacidad de gasto, por tanto requiere una política fiscal muy activa.

Por un lado, si no se logra reducir el déficit público y mantener los desequilibrios macroeconómicos dentro de márgenes tolerables, no será posible una transformación productiva sostenida. Más aún para que aumente el ahorro nacional y por ende el crecimiento y el empleo productivo, es importante poder consolidar el equilibrio fiscal sobre bases sólidas y más permanentes.

Por otro lado, una buena parte del esfuerzo potencial de las políticas sociales tanto de inversión en “capital humano” (educación, capacitación, salud y nutrición) como de seguridad social y transferencias- dependerá de que se recauden suficientes recursos para destinar a estos fines. De ahí que se postule lograr un equilibrio fiscal sobre la base de un nivel de recaudación razonable, y no sólo de una reducción de gasto.

Precisamente, Fajnzylber va a aportar muy significativamente al esclarecimiento de la competitividad legítima versus competitividad espuria y el papel que puede desempeñar el Estado para inducir una transformación productiva que reduzca los niveles de pobreza y las diferencias sociales con reformas económicas que permitan un desarrollo más avanzado en el capitalismo periférico.

En 1990, Fernando Fajnzylber, publicó importantes trabajos que argumentan el concepto de competitividad legítima, muy asociado al concepto de equidad. Precisamente, al comparar los niveles de crecimiento y equidad que se dieron entre 1965 y 1985 en los nuevos países industriales asiáticos (NICs) y los países de América Latina, Fajnzylber descubrió que la correlación entre ambos indicadores era ampliamente favorable en los NICs y todo lo contrario en los países de América latina. Para ello elaboró un cuadro dividido en cuatro casilleros.

El casillero vacío de América Latina

En el eje horizontal colocó una escala de niveles de equidad (cociente entre el volumen de ingresos recibido por 40 % de la población más pobre y 10 % de la población más rica, entre 1970-1984) En el eje vertical, colocó una escala de tasa de crecimiento del PIB per cápita entre 1965 y 1984. Tras ello trazó dos líneas de separación (véase la Figura 1), una vertical a la altura del nivel de equidad de 0,4, y otra horizontal a la altura del nivel de crecimiento de 2,4 %; dichos niveles se corresponden con la mitad del nivel de equidad de los países desarrollados (0,8) y con el ritmo de crecimiento de los países desarrollados (2,4 %).

Luego, tras clasificar a los países de industrialización tardía en su lugar correspondiente, descubrió que los latinoamericanos se concentran en tres de los casilleros:

1. Países con gran dinamismo, pero con baja equidad.
2. Otros con equidad, pero con escaso dinamismo.
3. Países con baja equidad y bajo dinamismo.

Sin embargo, en el casillero correspondiente al gran dinamismo y buen nivel de equidad no aparece ningún país latinoamericano, aunque sí otros países de fuera de la región. Tal situación Fajzylber la definió como el casillero vacío del desarrollo latinoamericano, lo que indica que el modelo de desarrollo latinoamericano para una industrialización tardía, no había logrado generar un crecimiento económico compatible con adecuados niveles de equidad. De aquí que Fajnzylber se pronunciara por generar un círculo virtuoso entre crecimiento, competitividad, progreso técnico y equidad. Una sociedad no equitativa solo favorecería la competitividad espuria.

La CEPAL subraya que, dada la conexión existente entre equidad y crecimiento económico, se necesita implementar una política social activa, ligada con los ritmos y la estabilidad del propio crecimiento económico. No basta con aumentar los esfuerzos en materia de educación, si es imposible una generación dinámica de empleos de calidad. También es importante desarrollar mecanismos que promuevan una mayor adaptación de la fuerza de trabajo al cambio tecnológico, así como la capacitación laboral a niveles sectoriales y laborales.

Un aspecto de vital importancia lo constituye el logro de mayores niveles de integración regional. Este ha sido uno de los ejes del pensamiento cepalino desde la época estructuralista y a la que la CEPAL dedicó un gran espacio en su nueva estrategia. En este sentido, la CEPAL difundió la idea del regionalismo abierto para “caracterizar la tendencia presente al final de la Ronda de Uruguay, en la que se mezclaba la dinámica de los movimientos subregionales con la apertura unilateral y el movimiento hacia la integración hemisférica. El regionalismo abierto se definía como la interdependencia entre acuerdos de carácter preferencial y la integración de hecho, determinada por las señales de mercado, como resultado de una liberalización amplia y generalizada”.

La integración económica resulta de vital importancia en el actual contexto de globalización, por ello se propone fomentar la innovación, aprendizaje y difusión de tecnología mediante la intensificación y ampliación de las relaciones entre empresas, sectores e instituciones a nivel subregional y regional, así como la liberalización comercial y la cooperación en este ámbito, con vistas a expandir el mercado y fomentar la competencia, con lo cual aumentaría la competitividad y las posibilidades de exportación hacia la región y el resto del mundo.
Hasta cierto punto podemos apreciar un cierto acercamiento entre las fronteras neoliberales y las estructuralistas, sobre todo en el papel que se asigna al Estado. Sin embargo, en otros aspectos se demarcan muy bien ambas concepciones, sobre todo porque en su evolución las concepciones neo estructuralistas, sin abandonar los estudios económicos minuciosos de América latina (de los cuales no podemos prescindir), ampliaron su enfoque a la dimensión social y global del desarrollo y a otros fenómenos que en cierto sentido la llevaron a su actual “visión integral del desarrollo” a fines de los años sesenta.

Hoy más que nunca, nuestras investigaciones del capitalismo contemporáneo, incluyendo, por supuesto a América latina y al Tercer Mundo, deben abarcar la economía mundial como un todo único, pues difícilmente encontraremos las formas de lucha idóneas frente a la globalización neoliberal con un enfoque nacional estrecho.

Puedo augurar una excelente acogida de este libro por los lectores y un merecido reconocimiento por el mundo académico y científico entre los economistas cubanos.
 

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