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Imperialismo Tecnológico y desarrollo en América latina
Por Ernesto Molina Molina

[03.07.2018]-
Actualización  1:40 pm de Cuba


El análisis crítico de la situación económica, política y social de los Estados Unidos, se ha venido realizando sistemáticamente por autores de derecha y de izquierda desde finales del siglo XX e inicios del siglo XXI. Varios han sido los libros publicados con este fin, algunos de ellos han sido elaborados por colectivos de autores. Éste que presentamos hoy, es de un único autor: Gian Carlo Delgado (economista mexicano).
La dependencia tecnológica de los países de América latina al imperialismo es una de las aristas que exige un estudio especialmente profundo y detallado, si es que se aspira a romper con uno de los obstáculos más difíciles para alcanzar el desarrollo sostenible en nuestra región junto a su independencia económica y política.

El libro “Imperialismo y Dependencia”, de Gian Carlo Delgado, se ocupa de estudiar este asunto tan complejo, al abordar el papel desempeñado por la innovación en la consolidación de los centros de poder de las metrópolis para que Latinoamérica siga cumpliendo la función de exportar materias primas o participe cada vez más en cadenas productivas en que predominan los eslabones de mano de obra barata o en procesos productivos subordinados a empresas matrices con sedes en la metrópoli correspondiente.

Así, la historia económica de este proceso se describe desde sus inicios hasta el presente en que predominan las políticas neoliberales impuestas desde las metrópolis y se apoyan (desde adentro) por las oligarquías locales y regionales, constatando la “subordinación espacial-temporal” que supone el “imperialismo tecnológico”.

En el capítulo 1 se hace especial énfasis en el papel desempeñado por la competencia tecnológica a escala global, particularmente, mediante las redes de innovación científico tecnológica en los países metrópolis, como EUA y en sus bases de ciencia y tecnología de principios del siglo XXI.

Se identifican tres actores clave: el Estado nación, los centros de producción de conocimiento y las unidades económicas.

De cierta manera, se reconoce la presencia de la competencia financiera condicionando la competencia tecnológica, al tener presentes los gastos en ciencia y tecnología y los instrumentos económicos, políticos y legales que emplea cada Estado nacional imperialista para desarrollar su competitividad internacional y que determinan la capacidad de formar científicos, ingenieros y demás especialistas, así como el número de patentes y el control de los mercados internacionales.

El capítulo 2 muestra las características del desarrollo industrial dependiente de los países periféricos en su arista tecnológica, en que predominan las industrias extractivas y maquiladoras. Se revisa esa subordinación tecnológica antes y después del Consenso de Washington. Se ofrece una valoración del papel de los organismos internacionales y de la inversión extranjera directa, y se muestra lo que Samir Amín llamaría “falta de desconexión para el desarrollo”, particularmente en América Latina, región en la cual la ciencia y la tecnología en general no se aprovechan para el desarrollo propio, sino se someten al imperialismo tecnológico. Esto es, la región genera escasos o nulos encadenamientos endógenos y, por tanto, escasos o nulos beneficios socioeconómicos.

El capítulo 3 muestra en la experiencia mexicana cómo lo económico, lo político y lo tecnológico se fusionan con la complicidad de la oligarquía empresarial mexicana y el imperialismo norteamericano para “diseñar” el desarrollo tecnológico industrial dependiente de México. Y es que el caso mexicano se repite en buena medida en el grueso de los países de América Latina.

El capítulo 4 es abordado por el autor con carácter proactivo. Así, se presenta la solución al desarrollo independiente de América latina con un enfoque de “industrialización endógena”, que supone poner la innovación, el cambio tecnológico y en general la ciencia, al servicio de los intereses legítimos nacionales y regionales. De allí, la importancia de los procesos de integración regional alternativos y de los retos presentes en términos de innovación y desarrollo sostenible.

El epígrafe dedicado a Cuba resulta justo y valioso, no sólo por el reconocimiento que se hace a la política inteligente y difícil seguida por la Revolución Cubana para aplicar el circuito cerrado de la investigación y por los resultados alcanzados en condiciones tan adversas, sino porque también hace patente la conveniencia y la necesidad de la integración regional en ese campo, dada la competencia y alianza que se negocia entre las potencias del Norte para impedir que el Sur avance en su independencia científico tecnológica.

La amplia utilización de una bibliografía actual viene acompañada por las propias conclusiones del autor, lo cual da un valor indiscutible a este libro, que puede ser muy útil a un lector suficientemente crítico desde el punto de vista científico.

Hoy la empresa global cuenta con la base tecnológica para crear verdaderas cadenas productivas internacionales en todos los sectores de la economía. El capital transnacional puede reaccionar instantáneamente por existir los medios de comunicación actuales y la microelectrónica para los cálculos en la toma de decisiones. Una empresa “madre” se abastece de muchas empresas “hijas”, desperdigadas por muchas partes del mundo, para garantizar el producto terminado. El dominio tecnológico global se logra mediante el monopolio de la generación tecnológica por determinadas empresas globales. Esto es algo que el autor destaca en su análisis.

Las empresas globales eligen y sustituyen territorios buscando más eficiencia, competitividad y rentabilidad. A esta tendencia se le llama “deslocalización” de la producción y del capital. Para ello el capital transnacional intenta diseñar, imponer y controlar el tipo de economía, política, gobierno, Estado, democracia, cultura, en fin, el tipo de sociedad que más conviene a los centros de poder del imperialismo. Las empresas globales también tienen acceso privatizado al capital ajeno vía mercado financiero, lo cual garantiza también el monopolio de la generación tecnológica. Este vínculo entre lo financiero y lo tecnológico es también descrito por el autor y puede resultar una de las conclusiones de la investigación.

La mayoría de las innovaciones tecnológicas son el resultado de las investigaciones emprendidas por las transnacionales o entidades a su servicio. Una medida de cómo las transnacionales se dedican cada vez más a las innovaciones tecnológicas está dada por el volumen de gastos en I-D. También se pueden comprar tecnologías y transferir tecnologías: mediante inversiones directas extranjeras, empresas conjuntas, subcontrataciones internacionales, otorgamiento de licencias, concesiones, contratos de servicios técnicos y cooperación tecnológica. Precisamente, la correlación de fuerzas científico tecnológicas entre las tres potencias tradicionales y las economías emergentes (especialmente los llamados BRICS solo pueden modificarse a favor de estas últimas en la medida que se logre ese desarrollo endógeno que el autor señala y que en Cuba llamamos soberanía tecnológica.

El desarrollo local y la alternativa del desarrollo endógeno muestran una gran heterogeneidad de enfoques. Las grandes transnacionales asocian el desarrollo endógeno con la defensa del desarrollo territorial, pero con rechazo de la activa participación de los Estados del Sur, y, por tanto, mediante un proceso de descentralización de poder y decisiones hacia los gobiernos regionales y locales.

Por ello se estimula la supuesta “competitividad local” sobre la base de acoger a las empresas transnacionales y ocupar un espacio, un eslabón, en la cadena productiva de esas poderosas empresas. El resultado de todo esto es la aparición de áreas en declive y otras con mayor facilidad para adaptarse a las nuevas condiciones.

Se fomenta la concesión de pequeños créditos en estas zonas y los participantes en el sector informal llegan a ser reconocidos como “microempresarios”. El sentido de estas acciones es que los habitantes de las regiones en declive enfrenten por sí mismos la situación, y la evolución futura de estas, dependerá de lo que puedan ofertar al mercado.

Surgen los “Modelos de Crecimiento Endógeno” (MCE) bajo esta concepción neoliberal. Según “la nueva economía global”, solo pueden competir los territorios que aprenden, es decir, aquellos que son capaces de adaptarse a las transformaciones que se han producido en la estructura productiva mundial con base en el conocimiento, su aplicación al sector terciario avanzado, la industria de alta tecnología y la agricultura comercial. Cada territorio regional está obligado a desarrollar ventajas y habilidades, de modo que pueda alcanzar una inserción positiva, pues de lo contrario no será competitivo.

El aprovechamiento de esa supuesta “competitividad local”, incorpora el tema ecológico. El “ecodesarrollo”: viene a ser un estilo de desarrollo diseñado para cada región, con soluciones específicas para los problemas particulares de la misma, a partir de los datos culturales y ecológicos, que permiten hallar soluciones de largo y corto plazo, dado que el progreso está relacionado con cada caso particular, en el que el medio ambiente juega un papel fundamental.

No debe perderse de vista cuáles actores sociales están promoviendo el “ecodesarrollo” como motor de la competitividad. No es lo mismo que sean empresas transnacionales instaladas en localidades maquiladoras, protectoras “respetuosas” del medio ambiente, pero sobre la base de una competitividad espuria de bajos salarios; que cuando esta concepción se orienta desde un Estado nacional legítimo defensor de los intereses populares.

Pero existe otra concepción de alternativa del desarrollo endógeno. Es cierto que, en situación de crisis económica y social, es frecuente encontrar una porción mayoritaria de la sociedad civil sin apoyo por parte del Estado, que emprende el desarrollo local acudiendo al sistema de las “microempresas”, empresas pequeñas y empresas medianas.

La concepción del llamado “desarrollo alternativo”, toma en consideración un proyecto de sociedad con la aspiración de lograr que todos los grupos sociales puedan realizar sus capacidades mediante procesos de toma de decisiones a escala individual y grupal, por encima de los intereses del capital global.

Cobra importancia en esta concepción las “cuotas de poder”. La población ha de conquistar el control directo de sus vidas, teniendo capacidad para ser actores de su propio desarrollo. Pero no todos los procesos participativos incorporan ese control, pues muchas veces la participación se realiza solo a escala consultiva.

No obstante, es necesario señalar los límites del desarrollo alternativo, pues el desarrollo desigual del capitalismo también se revela hacia el interior de cada país, de aquí que las disparidades territoriales presentes en los países subdesarrollados, no se resuelven de manera espontánea, sino a través de medidas de política económica y social por parte del Estado. Y sobre todo, porque acceder a una base científico tecnológica propia no es posible sin una fuerte política estatal que destine a esos fines una parte considerable de su presupuesto nacional y con una estrategia educacional y científica a mediano y largo plazo, contemplando incluso la colaboración Sur Sur y los procesos integracionistas alternativos. Esto último es bien reconocido y destacado por el autor, incluso a partir del ejemplo de Cuba.

La tesis del desarrollo sostenible suele ser empleada como pretexto por algunos países desarrollados para justificar la adopción de medidas proteccionistas contra otros estados.

Para la mayoría de la población mundial, residente en el área subdesarrollada, resulta muy difícil pensar en la satisfacción de las necesidades de las futuras generaciones cuando sus requerimientos básicos del presente no están cubiertos.

Los países del Norte, especialmente Estados Unidos, evaden con frecuencia sus responsabilidades ambientales y desvían la atención internacional hacia aquellos temas ambientales que son de su interés, sin tener en cuenta debidamente los objetivos y prioridades de las naciones subdesarrolladas.

Una parte significativa de la actividad económica fundamental de muchos de los países subdesarrollados descansa en la explotación de sus recursos naturales (agricultura, minería, pesca y turismo), por lo cual los resultados del deterioro ambiental en esos sectores tienen un impacto más grave que en los países desarrollados.

Es imprescindible reconocer el derecho al desarrollo de las tres cuartas partes de la humanidad y ello requiere que los países desarrollados asuman la mayor responsabilidad ante el deterioro ambiental mundial y establezcan un trato justo y preferencial para que los países subdesarrollados puedan acceder a los recursos y tecnologías apropiados a este fin.

Ciertamente, las redes de innovación científico tecnológica de los EUA han constituido hasta hoy su principal fortaleza para ejercer lo que el autor llama “el imperialismo tecnológico”, pero cada vez más constituyen su principal debilidad, por estar asociadas en su centro al Complejo Militar Industrial.

Uno de los valores fundamentales de este libro es profundizar en este vínculo esencial: entre el Complejo Militar Industrial y su papel en la dependencia tecnológica.

La crisis de hegemonía mundial de los Estados Unidos se refleja, especialmente, en el peso militarista y guerrerista cada vez mayor de su política interior y exterior, por eso podemos hablar de crisis moral, ideológica y de gobernabilidad. Las ideas maltusianas vuelven a florecer con sus cuatro jinetes del Apocalipsis: las guerras, las pestes, el hambre, las enfermedades; sólo que ahora surgen no sólo espontáneamente, sino que se provocan conscientemente: el sistema no admite una parte de la población mundial, esta porción “sobra” para el buen desenvolvimiento del sistema del capital.

La crisis en los Estados Unidos (eje de la crisis global) no es resultado exclusivo de factores endógenos, su consumismo parasitario, su déficit y endeudamientos han contribuido a la crisis crónica de sobreproducción de carácter global. Las grandes economías centrales y las nuevas economías emergentes (como China o India) han podido crecer gracias a la capacidad de absorción de mercancías y capitales del mercado estadounidense. En algunos casos, se trata de colocaciones directas de excedentes, en otros, de ventas e inversiones en mercados enlazados con los Estados Unidos; las cadenas productivas transnacionales de origen norteamericano invaden Asia- Pacífico, muy especialmente, China.
Los aparatos militares imperialistas son extremadamente costosos y sofisticados, mientras las resistencias armadas populares, pese a la pobreza de sus integrantes y sus escasos recursos, demuestran una enorme creatividad técnico-militar.

El sistema tecnológico enlaza en un todo coherente técnicas, equipos, productos, estilos de consumo, materias primas, redes de comunicación y transporte, visto de un modo más amplio, es el núcleo central de la civilización burguesa.

La explotación intensiva de recursos naturales no renovables ha caracterizado el sistema tecnológico moderno, así como sus modelos de producción, consumo, transporte y comunicaciones, conducentes a la sobreexplotación de los recursos no renovables. Si la presión de los grandes consumidores globales de hidrocarburos consigue someter a los principales productores (Medio Oriente, Cuenca del Mar Caspio, Rusia, entre otros) obligándoles a sobre explotar sus yacimientos; tarde o temprano podrían producirse colapsos productivos importantes en algunos de ellos.

El caso de los biocombustibles demuestra que los intereses aferrados a los hidrocarburos y al inmenso capital fijo asociado a la industria del petróleo, no permite avanzar de manera sólida hacia un cambio tecnológico revolucionario en el campo energético. Por otra parte, la expansión de los biocombustibles, tampoco consigue superar la penuria energética. Pero lo que es también grave, el acaparamiento de tierras fértiles y productos agrícolas con fines energéticos reduce la oferta alimentaria, y trae hambre e inflación.

En realidad, la conjunción de varias crisis (financiera, energética, alimentaria y medio ambiental), que simultáneamente han acosado al sistema, nos confirma que estamos, al menos, frente a una crisis del mecanismo económico actual del capitalismo; antesala de posibles cambios revolucionarios que conduzcan a una sociedad más justa, protectora de “una importante especie biológica…en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.”

En fin, este libro de Gian Carlo Delgado nos alerta de las nuevas herramientas que supone la existencia del Imperialismo Tecnológico, incluso, con un objetivo práctico: tener una clara concepción para elaborar las estrategias de desarrollo en los países de Nuestra América.

 

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