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La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre
Por Ernesto Molina Molina

[02.01.2019]- Actualización 5:00 pm de Cuba

Naomi Klein (Montral, 8 de mayo de 1970) es una periodista, escritora y activista canadiense, conocida por su crítica a la globalización y el capitalismo. Es autora de las obras No logo (2001), Vallas y ventanas (2003), La doctrina del shockk (2007), Esto lo cambia todo (2015) y Decir no basta (2017), además de un gran número de artículos periodísticos y políticos. Asimismo, ha redactado el guion del documental La Toma (2004). Este largometraje dirigido por su marido, Avi Lewis, narra la toma de una fábrica por sus trabajadores durante el llamado Cacerolazo.

Klein ha recibido numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera, tanto por sus obras como por su activismo en el ámbito medioambiental, entre ellos el Hilary Weston Writers' Trust Prize for Nonfiction y el Sydney Peace Prize.

El título de este libro no fue sugerido por Milton Friedman, pero él hubiera estado muy de acuerdo con su denominación en la primera parte del título. Y la autora (Naomi Klein) le añadió la segunda parte del título, para reafirmar su posición crítica acerca de la doctrina neoliberal defendida por Friedman.

Con solo 221 páginas; una introducción y 5 capítulos, este pequeño libro brinda una síntesis apretada del impacto global desastroso de las políticas neoliberales como oportunidades para el gran capital y amenazas para la humanidad. Al mismo tiempo, y en honor a las inteligencias maquiavélicas de Milton Friedman y Arnold Haberguer, la autora denuncia cómo ambos autores recomiendan se deben aprovechar las fortalezas del gran capital global junto a las debilidades de las clases y los pueblos oprimidos, toda gran oportunidad (una catástrofe natural o social) que permita reforzar las cadenas del poder “del mercado”; o lo que es lo mismo:

El recetario de las políticas neoliberales que se instrumentaron en América Latina:

Los ajustes estructurales y la apertura indiscriminada.
La desregulación del mercado de trabajo y el Estado “Mínimo”.
La privatización y el respeto a la propiedad industrial
La libertad comercial y financiera
En fin, dejar que la mano invisible del mercado conduzca al desarrollo
Llama la atención como Naomi Klein destaca la alegría de Milton Friedman al conocer éste el desastre del ciclón Katrina y la oportunidad que se abrió para privatizar la educación en Nueva Orleans como buen ejemplo para todo Estados Unidos:

Milton Friedman fue uno de los que vio oportunidades en las aguas que inundaban Nueva Orleans. Gran gurú del movimiento en favor del capitalismo de libre mercado fue el responsable de crear la hoja de ruta de la economía global, contemporánea e hipermóvil en la que hoy vivimos. A sus noventa y tres años, y a pesar de su delicado estado de salud, el «tío Miltie», como le llamaban sus seguidores, tuvo fuerzas para escribir un artículo de opinión en The Wall Street Journal tres meses después de que los diques se rompieran: «La mayor parte de las escuelas de Nueva Orleans están en ruinas —observó Friedman—, al igual que los hogares de los alumnos que asistían a clase. Los niños se ven obligados a ir a escuelas de otras zonas, y esto es una tragedia. También es una oportunidad para emprender una reforma radical del sistema educativo.

Los títulos de los epígrafes y capítulos de este libro son muy ilustrativos. Hay como una introducción en que aparecen tres epígrafes:

La terapia de shock en casa
La tortura como metáfora
La gran mentira

Después aparecen los siguientes capítulos:
Capítulo 1 El laboratorio de la tortura

Epígrafes:

En la tienda del shock

La ciencia del miedo

El fracaso de la reconstrucción

Capítulo 2. El otro doctor shock

Epígrafes:

Milton Friedman y la búsqueda de un laboratorio de laissez-faire
Lecciones sobre el cambio de régimen: Brasil e Indonesia

Capítulo 3. Estados de shock. El sangriento nacimiento de la contrarrevolución.

Epígrafes:

El frente económico

El mito del milagro chileno

La revolución se extiende, el pueblo desaparece

Testimonio en tiempos difíciles

La tapadera de «la guerra contra el terror»

Capítulo 4. Tabla rasa. El terror cumple su función

Epígrafes:

Purificadores de culturas

Quién fue asesinado y por qué

Tortura patrocinada por las empresas

La tortura como «cura»

Nlños «normales»

Capítulo 5. «Ninguna relación» Cómo una ideología fue absuelta de sus crímenes

Epígrafes:

La anteojera de los «derechos humanos»

Ford sobre Ford

A continuación, cito muy extensamente a la autora, porque como una fiscal en Nuremberg, acusa no solo a Milton Friedman y a Arnold Harberger de ideólogos al servicio de los crímenes contemporáneos de lesa humanidad, sino que señala con su dedo acusador también a uno de los jurados del Premio Nobel al servicio del Gran Capital y del Neofascismo:

Durante un breve período pareció que el movimiento neoliberal no podría desentenderse de los crímenes que había cometido en el Cono Sur y que éstos le desacreditarían por completo antes que pudiera expandir su primer laboratorio. Después del trascendental viaje de Milton Friedman a Chile en 1975, el columnista del New York Times Anthony Lewis formuló una pregunta tan sencilla como incendiaria: «Si la teoría económica pura de Chicago sólo se puede poner en práctica en Chile mediante el recurso a la represión, ¿tienen sus autores algún tipo de responsabilidad por ello?».

Después del asesinato de Orlando Letelier, los activistas de base respondieron a su llamamiento para exigir responsabilidades por el coste humano de sus políticas al «arquitecto intelectual» de la revolución económica chilena. Durante aquellos años Milton Friedman no podía dar una conferencia sin que alguien le interrumpiera citando a Letelier y se vio obligado a entrar por la puerta de la cocina en varios eventos celebrados en su honor.

Los estudiantes de la Universidad de Chicago se preocuparon tanto al saber de la colaboración de sus profesores con la Junta que exigieron una investigación académica. Algunos profesores les apoyaron, entre ellos el economista austríaco Gerhard Tintner, que había huido del fascismo en Europa y llegado a Estados Unidos en la década de 1930.

Tintner comparó Chile bajo Pinochet con Alemania bajo los nazis y dibujó un paralelismo entre el apoyo de Friedman a Pinochet y el de los tecnócratas que colaboraron con el Tercer Reich. (Friedman, a su vez, acusó a su críticos de «nazismo».)

Tanto Friedman como Arnold Harberger se atribuyeron con placer el mérito de los milagros económicos conseguidos por sus Chicago Boys latinoamericanos. Como un padre orgulloso, Friedman alardeó en Newsweek en 1982 de que «los Chicago Boys [...] combinaban una extraordinaria habilidad intelectual y ejecutiva con el valor para sostener sus convicciones y la dedicación necesaria para ponerlas en práctica».
Harberger dijo: «Me siento más orgulloso de mis estudiantes que de cualquier cosa que haya escrito; de hecho, el grupo latino es mucho más mío que mis contribuciones a la literatura». Ninguno de los dos, sin embargo, alcanzaba a ver relación alguna entre los «milagros» que sus estudiantes habían realizado y el coste humano que habían tenido.
«A pesar de que estoy profundamente en desacuerdo con el sistema político autoritario de Chile», escribió Friedman en su columna de Newsweek, «no creo que sea algo malo que un economista ofrezca asesoría técnica al gobierno chileno».

En sus memorias, Friedman afirmó que Pinochet trató, durante los primeros dos años, de llevar la economía él solo y que no fue hasta «1975, cuando la inflación seguía disparada y una recesión mundial provocó una depresión en Chile, cuando el general Pinochet acudió a los Chicago Boys». Se trata de un caso descarado de revisionismo: los Chicago Boys trabajaron con los militares incluso desde antes de que tuviera lugar el golpe y la transformación económica empezó el mismo día en que la Junta llegó al poder. En otros momentos Friedman llegó a afirmar que todo el reinado de Pinochet —diecisiete años de dictadura con decenas de miles de víctimas de tortura— no fue un violento intento de destruir la democracia, sino todo lo contrario. «Lo verdaderamente importante del tema chileno es que al final el libre mercado cumplió su labor en la creación de una sociedad libre», dijo Friedman.

Tres semanas después de que Letelier fuera asesinado, sucedió algo que acabó con el debate sobre la relación entre los crímenes de Pinochet y el movimiento de la Escuela de Chicago. Milton Friedman fue galardonado en 1976 con el premio Nobel de Economía por su «original e influyente» trabajo sobre la relación entre la inflación y el desempleo. Friedman utilizó su discurso de aceptación para defender que la economía era una disciplina científica tan rigurosa y objetiva como la física, la química o la medicina, y que se basaba en el examen imparcial de los hechos disponibles. Ignoró convenientemente el hecho de que las hipótesis fundamentales por las que estaba recibiendo el Premio Nobel se estaban demostrando falsas de manera muy gráfica en las colas para comprar pan, los brotes de tifus y los cierres de fábricas de Chile, el régimen que había sido lo bastante despiadado como para poner sus ideas en práctica.

Un año más tarde sucedió algo más que definió los parámetros del debate sobre el Cono Sur: Amnistía Internacional ganó el premio Nobel de la Paz, en buena parte por su valerosa cruzada para poner al descubierto los abusos a los derechos humanos cometidos en Chile y Argentina.

El premio Nobel de Economía es independiente del premio Nobel de la Paz, lo otorga un comité distinto en una ciudad diferente. Desde la distancia, sin embargo, parecía como si con ambos Nobel el jurado más prestigioso del mundo hubiera pronunciado su veredicto. (p.p. 200-203)

Estamos en presencia de un libro escalofriante, un libro denuncia, que deja a Torquemada y la Inquisición abochornada al lado de la maldad sin límite del Neofascismo neoliberal; y a Adolfo Hitler lleno de envidia, por no haber contado con la ayuda ideológica de Milton Friedman.

 

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