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Con Gramsci en el ALBA de Nuestra América
Por Ernesto Molina Molina
Salir del foso y arrancarse los amargos pesares del corazón.

La lectura de este libro, capítulo por capítulo, permite hallar un hilo lógico tan coherente, que me atrevo a formular el problema científico que se propusieron responder los autores:

¿Por qué puede afirmarse que son pertinentes y actuales las ideas estratégicas de Antonio Gramsci para orientar los procesos políticos y sociales de hoy en América Latina y Europa?

En un primer momento, sin haber leído el libro, supuse que se trataba de pura literatura pasiva; es decir, que los autores se limitaban a interpretar los textos de Gramsci. Pero pronto comprendí, que se acudía a Gramsci como fuente teórica para hallar el camino a seguir en la solución de los problemas de hoy en que los autores deciden involucrarse como actores del cambio social en el entorno en que desenvuelven su lucha. Y lo interesante es que los autores provienen de países de distintas latitudes: Italia, España, Argentina, Bolivia, México, Brasil, Francia y Cuba.

El libro se compone de tres secciones. (Solo vamos a comentar algunos capítulos)

Primera parte. “La perspectiva gramsciana”.

Esta primera parte comienza con una entrevista de Lorenzo Giustolice a Luciano Vasapollo. Aquí, Luciano Vasapollo toma el discurso gramsciano, y combinándolo con la experiencia del ALBA, propone una política de ruptura con la Unión Europea (UE). Tuve la oportunidad de prologar “El Despertar de los Cerdos” , y ello me permite identificar el vínculo ALBA – Gramsci – PIGS.

Vasapollo identifica a la periferia de la Unión Europea (los PIGS), con lo que Lenin llamó “pueblos oprimidos”, de lo cual se deriva la necesidad de crear un frente antimperialista y anticapitalista para defender a esos pueblos oprimidos.

Ya en el libro “El Despertar de los Cerdos”, Vasapollo, junto al colectivo de autores que lo acompaña, presenta un proyecto de solución para los PIGS, que pudiera trascender para el resto de Europa; y sorprendentemente se inspira en los “nuevos aires” que soplan desde Nuestra América, a partir de las experiencias del ALBA, PETROCARIBE y pudiéramos añadir CELAC. Que Gramsci y el ALBA estén juntos en el devenir de la lucha a escala de América y a escala del mundo puede resultar una idea sorprendente, pero que viene madurándose responsablemente.

“Escuchar a Gramsci desde Nuestra América”

Tal pareciera que la ciencia y el arte anduvieran juntos, cuando nos inspiramos en Gramsci para analizar la realidad contemporánea. Isabel Monal, no solo “escucha” a Gramsci, escucha también a Bolívar y a Martí, cuando asume la estrategia para Nuestra América en una óptica no nacional, sino de ámbitos regionales, de políticas de alianzas entre Estados; en un proceso lento, largo y complejo, abierto, pero por ese mismo motivo muy riesgoso y nunca garantizado.

Tambien Bolivar y Marti concibieron la solución en la idea de la “Patria Grande”, solo lograble hoy por el camino largo que Gramsci avizoró desde su pozo, o desde una cueva al decir de Marti.

Gramsci para estos tiempos.

Para Joaquín Miras Albarrán como para Gramsci, la “Filosofía de la práctica” no se deriva de una filosofía de la ciencia o un saber especializado intelectual, sino que es resultado de la práctica creadora de los individuos en comunidad.

Ello no excluye el papel de la ciencia en el desarrollo social. Es sabido que la ciencia se pone al servicio del sistema del capital y que una tarea fundamental del poder socialista es poner la ciencia al servicio de los pueblos: algo que la Revolución Cubana viene haciendo con sus guerrilleros de bata blanca y a lo interno de su propio pueblo y en otros pueblos.

Pero por mucho que una nación apoye el desarrollo – en este caso de la ciencia médica – solo con médicos que asuman una función social radical para cumplir misiones arriesgadas y solidarias en cualquier lugar del mundo, ello solo se puede lograr desde una filosofía de la práctica.

Segunda parte, “De la teoría a la práctica de la transformación”.

Gramsci y las revoluciones en América Latina.

Hugo Moldiz reflexiona sobre las diferencias entre los procesos revolucionarios en curso entre Bolivia, Venezuela, Ecuador.

Y en efecto, en el caso de América Latina, la lucha armada ha sido descartada por el momento; la democracia electoral y el pluralismo político, a su vez, han sido aceptados y sobre el mercado libre o abierto existe una cierta flexibilidad. A su vez, se avanza progresivamente hacia una democracia participativa.

Los gobiernos de izquierda buscan como fortalecer el sector público, a través de escasas expropiaciones y de una tributación progresiva, Al mismo tiempo que el gasto social del presupuesto fiscal apuesta a mejorar el buen vivir de la población.

Sin embargo, en ninguno de los procesos revolucionarios actuales (Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia), las medidas son tan radicales como lo fueron durante la revolución cubana o nicaragüense, a mediados y finales del siglo pasado, respectivamente. Y, sin embargo, frente a estas reformas progresistas de izquierda, la reacción interna con apoyo externo pone en juego todas sus armas “duras” y “blandas” para revertir estos procesos. Ello implica para nuestros
procesos revolucionarios actuales asumir también nuestras armas duras y blandas, sin las cuales no podremos ir ganando nuevas cuotas de poder desde la sociedad civil.

A continuación, se presentan varios ensayos con un denominador común:

Gramsci y América Latina

Los procesos de cambio en Nuestra América

Gramsci “traducido” para Brasil (y América Latina)

Gramsci, Estado y Sociedad Civil

Una Mirada desde Gramsci en la participación política en la construcción de la nueva sociedad y su vigencia latinoamericana

En todos estos ensayos de Lucio Oliver, Rajland, Elvira Concheiro Borquez, Del Roio y de Fontes, está presente el papel que Gramsci supo reconocer a la dialéctica entre objetividad y subjetividad en las masas y el pueblo en general. No es casual que José Martí y Fidel le concedieran una importancia trascendental a “ganar el pensamiento del pueblo”, que es como decir: crear al bloque histórico en el seno de la sociedad civil.

El asunto está presente también en el ensayo que cierra la sección, el de Zabala y Pozo, sobre los temas de la participación colectiva. Y como afirma Vasapollo, “Saben bien que el proyecto puede resistir –para decirlo con absoluta brevedad- ¡si resiste el ALBA!”.Coincido con Luciano Vasapollo, cuando reafirma el papel de la subjetividad ganada o perdida para avanzar en esos procesos por las masas sudamericanas, cuando logran algunas cuotas de poder y aspiran alcanzar todo el poder.

Tercera parte, “Teoría de la educación de las masas

La desmitificación de la visualidad opresiva y el pensar desde Gramsci
Sin leer a Gramsci, muchas cosas se hicieron bien en los inicios de la Revolución Cubana en el espíritu de Gramsci, para que los jóvenes se involucraran como actores del proceso; algo que hoy necesitamos más que nunca.

Por eso, coincido con los comentarios de Vasapollo y Abel Prieto, cuando alerta acerca del impacto sobre las nuevas generaciones cubanas de modelos estético-comportamentales elaborados por el capitalismo, vacuos y estereotipados, pero, sin embargo, capaces de remover las bases del mundo juvenil, incluso en una realidad atenta a la formación de las jóvenes generaciones como la cubana.

Lo nacional-popular: reflexionar sobre Cuba recordando a Gramsci

El artículo de Olga Fernández Ríos me hizo recordar a Antonio Guiteras, cuando afirmó que Cuba no sería nación soberana hasta que fuera socialista, porque hasta entonces estaría abierta a la voracidad del imperialismo financiero. Por eso, se refleja en este artículo la importancia de la definición de “pueblo” de Fidel en “La Historia me Absolverá”. Y no importa si Fidel había o no leído a Gramsci.

Lo importante es la pertinencia de “las redes de conceptos” de Gramsci para explicar aquella experiencia histórica y cómo un líder logró organizar la “voluntad colectiva nacional popular” para la revolución. Pero la revolución no ha terminado, ni en Cuba, ni en Nuestra América. Hay que seguir organizando la “voluntad colectiva nacional popular” para la revolución.

Gramsci y la formación de los intelectuales orgánicos: vigencia para un nuevo siglo latinoamericano

Los ensayos de Olga Fernández Ríos, Alie Pérez Véliz y Olga Lisbeth Crespo Hernández, destacan la importancia de construir el “bloque histórico” en un proceso largo, con la hegemonía bien definida al servicio del proceso revolucionario; y por tanto, con la presencia y formación de intelectuales orgánicos.

El apéndice contiene dos ensayos con temas históricos europeos, pero con trascendencia teórica y práctica para América Latina, porque de alguna forma contribuyen a reconocer alianzas posibles entre las llamadas “clases subalternas” en el seno de la sociedad civil en el proceso creador del bloque histórico:

Revolución francesa y herejía en Antonio Gramsci, de Joan Tafalla Monferrer.

Al decir de Vasapollo, el ensayo de Joan Tafalla, nos conduce a un aspecto, según su opinión, poco abordado por la obra gramsciana: el de la Revolución Francesa (RF) como herejía religiosa.

Sin mencionar la teología de la liberación en América Latina, Tafalla alude a las doctrinas sociales de los primeros padres de la Iglesia (contrarios a la usurpación de la propiedad de los pobres por los ricos), pero lo que es más importante, introduce la idea de Gramsci sobre la moral popular y la moral religiosa (católica) como semilla ideológica para explicar el movimiento de masas en la Revolución Francesa. Dice Gramsci:

Sería interesante recordar la estrecha relación que existe entre la religión católica, tal como ha sido entendida siempre por las grandes masas y “los inmortales principios del 89”. Los mismos católicos de la jerarquía admiten esta relación cuando afirman que la revolución francesa fue una “herejía” o que a partir de ella se inició una nueva herejía, o sea que reconocen que entonces se produjo una escisión en la propia fundamental mentalidad y concepción del mundo y de la vida: por otra parte, solo así se puede explicar la historia religiosa de la Revolución francesa, pues de otra manera sería inexplicable la adhesión en masa a las nuevas ideas y a la política revolucionaria de los jacobinos contra el clero, de una población que sin duda era todavía profundamente religiosa y católica. Por eso puede decirse que, conceptualmente, no son los principios de la Revolución francesa los que superan a la religión, porque pertenecen a su misma esfera mental, sino los principios que son superiores históricamente (ya que expresan exigencias nuevas y superiores) a los de la Revolución francesa, o sea los que se basan en la realidad efectiva de la fuerza y de la lucha. (p. 278).

La sociedad civil en Gramsci y Maritain: apuntes sobre una convergencia, de Gadiel Fernando Hernández Samper.

Este ensayo me ha impresionado muy favorablemente, porque en forma sintética, ha logrado vincular los enlaces entre categorías de Gramsci (sociedad civil, sujeto revolucionario, bloque histórico, cultura cautiva, hegemonía como proceso cultural y civilizatorio, etcétera) y porque pareciera imposible hallar convergencia entre dos concepciones contrarias como las de Gramsci y Maritain; y ciertamente, el autor lo logra con trascendencia para las alianzas en los procesos de cambio social en América Latina.

Epílogo

Y finalmente, el epílogo, la entrevista a Luciano Vasapollo por Davide Angelli: “El ejemplo del ALBA Latinoamericana para poner en marcha la construcción de un área antimperialista y anticapitalista en el Mediterráneo”.

Esta entrevista debiera ser difundida con independencia también de este libro. La idea de que existe uma dialéctica entre la integración y el desarrollo, no solo presente en el ALBA, sino como alternativa para la construcción de un área antimperialista y anticapitalista en el Mediterráneo, resulta una” idea grandiosa”, tal y como Bolívar hablara de la Patria Grande por la cual luchó hace casi dos siglos. Porque Vasapollo no identifica al ALBA como una forma de integración tradicional al estilo de la Unión Europea.

Una integración legítima no puede concebirse bajo la tesis de las ventajas comparativas, aquellas que auspician la “división regional del trabajo”, para que unos países se desarrollen, a costa del atraso de otros, similar a la tradicional división internacional del trabajo que ha existido a nivel internacional. Integrar significa aglutinar, juntar las partes, en un bloque único; mientras que dividir significa diferenciar, separar los países, para que cada uno se dedique egoístamente a sus cosas, para luego buscar ventajas en el intercambio. Integración es unir las partes para “compartir ventajas”.

Precisamente, aquí reside lo nuevo que aporta la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América: la búsqueda de “ventajas cooperativas o compartidas”, para combatir la pobreza. Las “ventajas compartidas”, es la lucha por la creación de condiciones sociales para la reproducción material y espiritual de la vida humana; la política social de esta forma de integración significa que los países se integran para compartir las ventajas que resultan de un territorio común; una naturaleza y una historia común; economías homogéneas y magnitudes de población similares. Son factores que unidos en una estrategia de desarrollo dan ventajas frente a otras naciones del mundo. Ventajas compartidas significa que, en función de los intereses de estos pueblos, los países se junten para compartir sus ventajas naturales y sociales.

Una integración legítima quiere decir que los países articulan sus economías para sacarle mejor provecho a los recursos naturales, humanos y materiales y ampliar el mercado, en función del desarrollo humano. Se trata de fortalecer las variables de decisión claves: aquellas que elevan la capacidad negociadora con el resto del mundo; pero que al mismo tiempo potencian el mercado interno, el nivel de empleo, el salario medio y la inversión nacional.

Esta entrevista me corrobora la importancia de la “Filosofía de la Práctica” y del sistema de “redes de conceptos” de Gramsci, porque si el diagnóstico exige el conocimiento científico de la realidad objetiva, su transformación hacia un mundo mejor exige contar con la subjetividad de los pueblos y actores presentes en la construcción del “bloque histórico”.
 

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