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Dos tipos de capitalismo de estado en pugna
Por Ernesto Molina Molina

[01.05.2020]- Actualización 2:30 pm de Cuba

Introducción

Ciertamente, las teorías macroeconómicas diseñadas desde enfoques keynesianos o neoliberales por la academia burguesa convencional no responden a las necesidades del desarrollo de nuestros países del Sur. Vincular el interés nacional con el interés clasista y hacerlo de una manera acertada, ha sido histórica y prácticamente uno de los problemas más complejos e importantes en la lucha de los pueblos del Tercer mundo.

En el diseño que los Estados del Sur deben llevar adelante en sus políticas económicas para elevar su capacidad de negociación frente al Norte, han de tener muy presente los posibles escenarios en que se van a desenvolver sus economías. Ello implica conocer cómo influyen las expectativas en el análisis económico, pues antes de elaborar la política a seguir se ha de realizar un diagnóstico.

Partimos de la siguiente hipótesis: el diseño de la política económica de un Estado que aspire al desarrollo de su pueblo debe estar en función de una competitividad legítima (en favor de las mayorías) en condiciones de globalización.

Desarrollo

La salida del subdesarrollo se hace muy difícil en las actuales condiciones de globalización del capital. Mientras la economía mundial sea eminentemente capitalista, los Estados del Sur se podrán abrir paso en la medida que sean capaces de competir con la economía de mercado dominante.

La experiencia globalizadora del capital hace patente que la mejor regulación que puede realizar un Estado del Sur al sistema empresarial nacional es hacerlo actuar como un aparato productivo único, altamente cooperativo y altamente competitivo.

Es lógico que una sociedad que intenta acceder al desarrollo desde el Sur, herede un aparato productivo nacional no homogéneo, con una estructura productiva muy desigual. La regulación estatal debe garantizar contrarrestar la tendencia objetiva de la diferenciación social que es originada sistemáticamente por el mercado y la existencia de ingresos que no provienen del trabajo equivalente o ni siquiera del trabajo.

El empresario de un país subdesarrollado –por muy competitivo que aspire a ser, nacional e internacionalmente– no puede prescindir de una variable que lo condiciona socialmente: el salario medio real. Todas las demás variables dependen del salario medio. Por tanto, en dependencia de los resultados cuantitativos y cualitativos del aparato productivo nacional y de la empresa, así debe incrementarse o no el salario medio.

El salario medio traza un límite al valor de todas las demás rentas y ello cobra una importancia especial en una economía del Sur, en que participan diversas formas de propiedad, incluyendo el capital extranjero.

Por eso, un Estado legítimo representante de su pueblo, en estrecha relación con el empresariado y los sindicatos obreros, debe elevar la capacidad de regulación y conciliación de intereses para defender un nivel de salario medio acorde con el incremento de la productividad que genera el aparato productivo nacional; y al mismo tiempo debe regular el grado de diferenciación que expresa ese salario medio y su correlación con aquellos ingresos que no provienen del trabajo. Ello permite distinguir dos tipos de capitalismo de Estado: el que se pone al servicio del Norte; y el que se pone al servicio del Sur.

El Modelo de Desarrollo Latinoamericano como paradigma del capitalismo de Estado en función del desarrollo del Norte.

El estructuralismo o desarrollismo apareció en los años 40 como la primera forma de pensamiento económico autóctono y sistemático en América Latina en búsqueda de un camino hacia el desarrollo industrial capitalista y hacia la inserción más integral en la división internacional capitalista del trabajo.

Desde la crisis de 1929-1933 los países de América Latina se vieron obligados a producir algunas mercancías que antes importaban. De una parte, los países capitalistas desarrollados disminuyeron el ritmo de exportación de capitales y mercancías hacia América Latina. De otra parte, América Latina disminuyó su capacidad de exportación y por tanto de importación. Surgió el llamado modelo de desarrollo hacia adentro, basado en la industrialización sustitutiva de importaciones.
Se desarrolló por lo tanto una burguesía industrial con intereses nacionales y surgieron gobiernos de corte nacionalista.

Al concluir la II Guerra Mundial había aumentado el peso específico de la producción industrial en comparación con la de materias primas, las relaciones comerciales Sur - Sur se incrementaron y se había producido un proceso de capitalización interior.

Estados Unidos ya no podía evitar el incipiente desarrollo del capitalismo de Estado surgido en América latina con resultados apreciables en el camino de la industrialización; pero sí podía hacer dependientes ese capitalismo de Estado y el propio proceso industrial latinoamericano.

Estados Unidos intentó con el Plan Clayton reorganizar las relaciones económicas en América Latina. Se enfrentaron los intereses de la burguesía industrial latinoamericana y la oligarquía financiera norteamericana.

En estas condiciones surgió el pensamiento económico desarrollista o estructuralista alrededor de la figura de Raúl Prebisch y la CEPAL (1948) (Institución de las Naciones Unidas), (Comisión Económica para América Latina).

Entre los economistas estructuralistas más reconocidos en América Latina tenemos a Raúl Prebisch, Juan F. Noyola, Aníbal Pinto, Celso Furtado, Osvaldo Súnkel, G. Martner, Enrique Iglesias.

En el período 1950-1977 se produjeron cambios importantes en la industria latinoamericana que necesariamente influyeron en la propia burguesía industrial latinoamericana.

La industrialización sustitutiva siguió un camino desigual y terminó por agotarse en los 60. Mientras la industria creció en un 6.6% como promedio anual (1950-1977), la agricultura en 3.4%.

El desarrollo desigual concentró la población urbana, y la población ocupada en la industria. El sector agrícola disminuyó su peso en el PIB de un 20% en 1950 a un 15% en 1970. Se viene produciendo en esos años 1950-1977 un proceso de monopolización de la economía, unido a la penetración del capital extranjero (en fusión con el capital monopolista nacional y que se expresa también en el desarrollo del capitalismo monopolista de Estado. Las corporaciones transnacionales coexisten con el capital monopolista nacional, con el capital no monopolista y con relaciones pre-capitalistas.

América Latina tuvo que enfrentar la crisis de las relaciones económicas internacionales (crisis monetaria, energética, de materias primas, alimentaria, inflación) mediante el capitalismo de Estado, incorporado a su enfoque estructuralista, que, a partir de los años 80 y 90, evolucionó y se empezó a llamar “neoestructuralismo.
La consolidación de la oligarquía monopólica regional y su fusión con la oligarquía monopólica extranjera restó fuerza al principio de defensa de los intereses nacionales. Pueden conservar este principio algunos sectores de la burguesía no monopólica, y con más fuerza, la pequeña burguesía, la clase obrera y otras capas sociales.

El estructuralismo contemporáneo se presenta con un programa conciliador de los intereses de empresarios y obreros a través de un Estado democrático “benefactor” que aspira a contrarrestar los efectos más agudos del ciclo capitalista, que aleje el peligro de las conmociones y revoluciones sociales y que concilia sus puntos de vista hasta cierto punto con la concepción neoliberal. Por tanto, la escuela estructuralista actual es fundamento de un capitalismo de Estado latinoamericano subordinado al capital extranjero.

Y, sin embargo, el enfoque estructuralista que se inició en los años 40 y 50 como una gran aspiración de desarrollo nacional y frente a Estados Unidos, ha sido fuente teórica importante para las posiciones más progresistas de la teoría de la dependencia y del marxismo en Latinoamérica.

El aporte del estructuralismo al esclarecimiento de los vínculos entre la crisis, la inflación y el desarrollo.

Uno de los aspectos teóricos de mayor trascendencia en que podemos reconocer el aporte del estructuralismo es en el estudio de la correlación que existe entre crisis, inflación y desarrollo.

La posibilidad de la inflación surge desde que el papel moneda reemplazó al dinero metálico. Pero mientras mantuvo su respaldo, cabía la rectificación de la proporción entre las transacciones comerciales y la cantidad de papel moneda.

En el capitalismo premonopolista la inflación surgía asociada casi siempre a momentos de guerra o de desbarajuste económico, en los primeros años bélicos se incrementaba desmedidamente el consumo improductivo, pero con la recuperación este fenómeno desaparecía. Con el capitalismo monopolista y sobre todo, después de la crisis de 1929-1933 y con la política keynesiana, la inflación se convierte en un instrumento del monopolio y del capitalismo monopolista de Estado, para contrarrestar el problema del ejército industrial de reserva, para deprimir el salario de la clase obrera sin producir gran desempleo, incrementar así el grado de explotación de la clase obrera activa, sin necesidad en el corto plazo de aumentar la productividad del trabajo, ni aumentar la jornada de trabajo. La inflación moderada y bien dirigida por el Estado burgués en un país desarrollado es una solución válida hasta los años 70 que se produce la estanflación o crisis con desempleo.

Llama la atención el hecho de que ya desde los años 50, economistas latinoamericanos (Raúl Prebisch, Francisco Noyola y Aníbal Pinto) venían planteando el problema contradictorio que existe entre la inflación y el desarrollo. Cuando solo en los años 70 los países capitalistas desarrollados experimentaron como problema grave la estanflación, la periferia ya conocía este fenómeno 20 años atrás.

Se pudiera afirmar que el desarrollo económico y político desigual del capitalismo se manifiesta con mayor fuerza con sus efectos distorsionadores en la periferia que en los centros del capitalismo mundial.

Al mismo tiempo es necesario esclarecer cuáles sectores sociales internos se oponen al desarrollo de América Latina con una concepción contra la independencia nacional y favorecen, por tanto, los factores internos y externos de la inflación.

Las grandes corporaciones de los países centros, por mucho que avance el progreso científico técnico y aumente la productividad del trabajo, no reducen los precios, no trasladan a los precios esos cambios, es como si desconocieran la acción de la ley del valor. La explicación no es sencilla. No hay que olvidar que la ley del valor se subordina a la ley de la plusvalía en el capitalismo y en su fase monopolista, la distribución de la plusvalía es desigual.

El mecanismo es el siguiente: cuando el monopolio aplica la técnica y renueva su capital fijo, aunque reduce los gastos de trabajo no reduce el precio. Puede hacerlo porque es monopolio y domina la masa fundamental de los medios de producción en la rama.

Por lo tanto, el monopolio, por su propia esencia, tiende a exportar la inflación de sus precios hacia su sistema neocolonial, en otras palabras, hacia el Sur.Muchos países del Sur importan alimentos de los países del Norte, el carácter deformado de sus economías y el lugar que ocupan en la división internacional del trabajo, condiciona que importen esa inflación y agraven su situación ya difícil.

La teoría estructuralista de la inflación tiene un núcleo duro desde el punto de vista estrictamente técnico, trata de explicar la inflación como resultado de la falta de flexibilidad de la oferta para dar respuesta al movimiento de la demanda. El desigual crecimiento de la oferta es consecuencia de una inflexibilidad estructural en el aparato productivo de los países periféricos. El problema social queda velado debajo de esa llamada “inflexibilidad estructural de la oferta”. Porque de lo que se trata es de esclarecer cuáles fuerzas internas y externas se oponen al desarrollo de nuevas estructuras en América Latina que hagan flexibles las respuestas de la oferta al movimiento de la demanda, para solucionar de una vez la inflación y el subdesarrollo.

Raúl Prebisch, principal promotor de la CEPAL, le prestó gran importancia al cambio tecnológico como factor del desarrollo. En la tradición estructuralista iniciada por Raúl Prebisch, la brecha tecnológica entre los países centro y los países periféricos, constituyó una contrapartida necesaria a la vieja teoría de las ventajas comparativas de David Ricardo, que pretendía presentar - como conveniente a todos los países del mundo - la división capitalista internacional del trabajo y justificar así el desarrollo desigual como una ley natural.

Pero Raúl Prebisch identificó también los factores externos promotores de la inflación, muy especialmente asociados al deterioro de los términos de intercambio. En el proyecto de medidas propuesto por Prebisch cabe destacar el activo papel asignado al Estado para lograr simultáneamente el desarrollo y la estabilidad monetaria, es decir, para evitar la inflación se requería una política racional y previsora de desarrollo económico y mejoramiento social. Sustituir importaciones, pero de forma tal que disminuyera la importación de inflación o la eliminara por la vía de la integración económica progresiva. Practicar la continencia crediticia en los períodos que disminuyen las exportaciones, llegar a compromisos de conciliación entre obreros y capitalistas con vistas al desarrollo, que el esfuerzo sindical esté dirigido no a elevar los salarios, sino a aumentar la productividad y la eficiencia.

La clave de la solución está en el impulso al progreso científico técnico y en la elevación de la productividad. El desarrollo económico es el verdadero corrector de la inflación. Prebisch propuso la regulación económica estatal, con un sistema de indización con uso de categorías globales como ahorro, inversión, producto nacional, etc.

Con los años 90 y luego de la “década perdida” el estructuralismo devino neoestructuralismo y abrazó la consigna “Transformación productiva con equidad”. La idea central del planteamiento de CEPAL es que la transformación productiva debe sustentarse en una incorporación deliberada del progreso científico técnico que permita articular lo económico, lo político, lo cultural y lo social.

La competitividad legítima al servicio del Sur

En 1990, Fernando Fajnzylber, destacado economista cepalino, publicó importantes trabajos que argumentan el concepto de competitividad legítima, muy asociado al otro concepto de equidad. Precisamente, al comparar los niveles de crecimiento y equidad que se dieron entre 1965 y 1985 en los NICs asiáticos y los países de América Latina, Fajnzylber descubrió que la correlación entre ambos indicadores era ampliamente favorable en los NICs y todo lo contrario en los países de América latina. Para ello elaboró un cuadro dividido en cuatro casilleros.

En el eje horizontal colocó una escala de niveles de equidad (cociente entre el volumen de ingresos recibido por 40 % de la población más pobre y 10 % de la población más rica, entre 1970-1984) En el eje vertical, colocó una escala de tasa de crecimiento del PIB per cápita entre 1965 y 1984. Tras ello trazó dos líneas de separación (véase la Figura 1), una vertical a la altura del nivel de equidad de 0,4, y otra horizontal a la altura del nivel de crecimiento de 2,4 %; dichos niveles se corresponden con la mitad del nivel de equidad de los países desarrollados (0,8) y con el ritmo de crecimiento de los países desarrollados (2,4 %).

El casillero vacío de América Latina

Luego, tras clasificar a los países de industrialización tardía en su lugar correspondiente, descubrió que los latinoamericanos se concentran en tres de los casilleros:

1. Países con gran dinamismo, pero con baja equidad.
2. Otros con equidad, pero con escaso dinamismo.
3. Países con baja equidad y bajo dinamismo.

Sin embargo, en el casillero correspondiente al gran dinamismo y buen nivel de equidad no aparece ningún país latinoamericano, aunque sí otros países de fuera de la región. Tal situación Fajzylber la definió como el casillero vacío del desarrollo latinoamericano, lo que indica que el modelo de desarrollo latinoamericano para una industrialización tardía, no había logrado generar un crecimiento económico compatible con adecuados niveles de equidad. De aquí que Fajnzylber se pronunciara por generar un círculo virtuoso entre crecimiento, competitividad, progreso técnico y equidad. Una sociedad no equitativa solo favorecería la competitividad espuria.

La CEPAL subraya que, dada la conexión existente entre equidad y crecimiento económico, se necesita implementar una política social activa, ligada con los ritmos y la estabilidad del propio crecimiento económico. No basta con aumentar los esfuerzos en materia de educación, si es imposible una generación dinámica de empleos de calidad. También es importante desarrollar mecanismos que promuevan una mayor adaptación de la fuerza de trabajo al cambio tecnológico, así como la capacitación laboral a niveles sectoriales y laborales.

Un aspecto de vital importancia lo constituye el logro de mayores niveles de integración regional. Este ha sido uno de los ejes del pensamiento cepalino desde la época estructuralista y a la que la CEPAL dedicó un gran espacio en su nueva estrategia. En este sentido, la CEPAL difundió la idea del regionalismo abierto (CEPAL, 1994), que no se ajusta exactamente a la concepción de la desconexión de Samir Amin, porque no deja claramente definido el carácter de la interdependencia entre el Norte y el Sur.

Consideraciones finales

Los economistas del Sur político han identificado dos tipos de capitalismo de Estado en pugna, diseñado uno al servicio del Norte; y otro al servicio del Sur. Las oligarquías locales en el Sur, suelen se aliadas del Norte; por tanto, para que se pueda diseñar un capitalismo de Estado al servicio del Sur, como antesala del Socialismo, es imprescindible construir a lo interno de la sociedad civil al sujeto revolucionario para el desarrollo.

El cambio tecnológico se produce siempre en los marcos de determinado sistema social, sujeto, por tanto, al sistema de leyes que rige dicha sociedad. De ahí, la importancia que concediera Marx al análisis socioeconómico del cambio tecnológico, por no considerarlo un fenómeno neutral o indeterminado socialmente, aun cuando por vía empírica podamos analizarlo como si obedeciera a tendencias propias, totalmente independientes y no sujetas a la regulación social. En realidad, en los marcos del sistema capitalista, el cambio tecnológico está sujeto al criterio de maximización de la ganancia, por lo que cada nueva tecnología se pone al servicio de un segmento de la división social del trabajo, sin medir las repercusiones que esa tecnología pueda tener sobre el conjunto, sea la división del trabajo, sea la naturaleza: no interesan. La empresa capitalista no está diseñada para tener en cuenta los efectos perversos del cambio tecnológico.

Todos estos problemas económicos globales han desencadenado una serie de consecuencias que influyen sobre los procesos sociales, jurídico-institucionales, político-militares, ambientales y éticos, entre otros, conformando una tupida madeja de causas y efectos que se influyen mutuamente los unos a los otros; y ponen en peligro la seguridad a escala global.

La pandemia del Covid 19 ha evidenciado que la salud es un problema global que no tiene solución en la sociedad capitalista; pues es un negocio más como cualquier otro servicio; no es un derecho humano. Y mientras los medios masivos a escala mundial informan el número de fallecidos todos los días ante esta pandemia, los muertos por hambre que son muchos más, nunca han sido noticias diarias, solo ponen nerviosos a los hambrientos.

Bibliografía
Amín, Samir: Apuntes sobre el concepto de desconexión, en: Revista Homines, vol. 13, San Juan, 1990.
Borón, Atilio: Socialismo Siglo XXI ¿Hay vida después del neoliberalismo?, p. 77, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2018.
CEPAL: El regionalismo abierto en América Latina y el Caribe, la integración económica al servicio de la transformación productiva con equidad, Stgo. de Chile, 1994.
Fajnzylbert, Fernando: “Sobre la impostergable transformación productiva de América Latina”, en Revista Pensamiento Ibero-americano, no. l6, l989.
Molina, Ernesto, Devenir del Modelo Económico Socialista, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2016.

 

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