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De Ford a Bush
Por Ernesto Molina Molina

[01.03.2019]- Actualización 3:30 pm de Cuba

Este libro, publicado en el 2008, tiene gran vigencia, incluso, como patrón de análisis a las administraciones posteriores, las de Barack Obama y Donald Trump, porque mantuvieron, con distintos matices, el mismo objetivo: destruir la Revolución Cubana.

El 10 de noviembre del 2018 falleció el coronel del MININT Néstor García Iturbe, Doctor en Ciencias Históricas, profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”, y conocedor profundo desde la Revolución Cubana del conflicto histórico entre Cuba y Estados Unidos.

Últimamente, en Nuestra América, se ha llevado a la práctica una estrategia de ir ganando cuotas de poder poco a poco, mediante reformas; y aceptando el camino eleccionario. Este camino sufre golpes de todo tipo, porque el poder real, dentro y fuera de cada país, lo ejerce el capital, que no tiene escrúpulos para corromper, matar y mentir. Lenin no tuvo dudas, no esperó por la Asamblea Constituyente; y dio el golpe revolucionario en 1917.

No fue casualidad que El Estado y la Revolución fue el primer libro de Lenin publicado en Cuba después del triunfo de la revolución. Esta obra clásica constituye un estudio profundo y enriquecedor de la teoría de Marx acerca de la dictadura del proletariado; y Lenin deja bien claro que se es o no marxista por la posición que se asuma hacia esa categoría política definitoria: la dictadura del proletariado.

Fidel fue un maestro para ejercer la estrategia revolucionaria. A cada golpe del gobierno de Estados Unidos, respondió con un contragolpe. Y a cada posible distención de las relaciones conflictivas, estuvo dispuesto a la negociación.

De Ford a Bush, constituye una obra histórica, teórica y estratégica, porque permite mostrar cómo los intereses de la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba no han cambiado desde mucho antes del triunfo revolucionario en 1959. Lo mismo sucede con la política exterior de Estados Unidos hacia América latina.

Entre las ideas esenciales que el autor desarrolla en todos sus capítulos, señalamos las siguientes:

La política exterior de Estados Unidos hacia Cuba, como hacia cualquier otro país de Nuestra América, está determinada por el grupo que ostenta el poder, quienes toman las decisiones basadas en sus intereses económicos. Este grupo es el que gobierna el país y ni él ni los intereses han cambiado desde mucho antes del triunfo revolucionario en 1959.

En el establecimiento de la política exterior de Estados Unidos intervienen distintos organismos del gobierno estadounidense; cada cual con su propósito particular muy definido, pero que en general mantienen la línea trazada; de ahí que es posible que mientras la CIA realiza acciones agresivas y subversivas contra Cuba, pudiera el Departamento de Estado adelantar en algún aspecto del diferendo entre los dos países; este avance, lógicamente, representa un interés y un beneficio particular para Estados Unidos, independientemente de lo que signifique para nuestro país, que no debe ver esto como un cambio de política, pues estaríamos cometiendo un grave error.

Desde los primeros años de fundado, Estados Unidos tuvo el interés de anexionar a Cuba. Estados Unidos intervino en la guerra del 1895, con el pretexto del Maine, y la república tuvo que soportar en su Constitución la Enmienda Platt, que, aunque derogada en 1934, sus consecuencias llegan hasta hoy con la Base Naval de Guantánamo. Los gobiernos precedentes a la Administración Ford (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon) son analizados aquí muy brevemente, como antecedentes de las distintas políticas agresivas hacia Cuba, con distintos matices, pero bajo un mismo patrón: la búsqueda de la destrucción de la Revolución Cubana.

Este “modesto trabajo”, como lo llama el autor, contiene una introducción, 9 capítulos y documentos muy valiosos en 5 anexos, una verdadera investigación científica. La estructura por capítulos es la siguiente:

Capítulo 1 Antecedentes históricos.

Capítulo 2 Administración Ford

Capítulo 3 Administración Carter

Capítulo 4 Administración Reagan

Capítulo 5 Administración Bush

Capítulo 6 Administración Clinton

Capítulo 7 Administración Clinton 2do período

Capítulo 8 Administración Bush (hijo)

Capítulo 9 Epílogo

El arte de engañar y penetrar en las conciencias de los oprimidos hoy cuenta con verdaderos tanques pensantes en los Estados Unidos. Es sabido que la ciencia se pone al servicio del sistema del capital y que una tarea fundamental del poder socialista es poner la ciencia al servicio de los pueblos. Pero ello supone también ganar la guerra del pensamiento, sin lo cual no se puede contar con la subjetividad de los pueblos y actores presentes en la construcción del Sujeto revolucionario, algo que Fidel supo hacer con excelencia y que la Revolución Cubana tiene que seguir haciendo, tras la avalancha de mentiras y mensajes tóxicos que las redes digitales vienen haciendo para ganar las mentes dentro y fuera de Cuba.

El problema de Cuba llevó a Kennedy al fracaso de Girón, a la Crisis de los misiles y a convocar La Alianza para el Progreso para evitar el Problema de su Patio Trasero.

El problema de Cuba llevó a Ford al error de creer que Cuba, con tal de mejorar sus relaciones con Estados Unidos, haría concesiones de principios relacionadas con Puerto Rico, Angola y problemas internos de Cuba.

El problema de Cuba llevó a Carter a una política zigzagueante con la Isla, primero, para avanzar en las relaciones entre los dos países; y al final, con el estímulo a las salidas ilegales, que condujo a su desastre del Mariel.

El problema de Cuba llevó a Reagan a utilizar todas las vías para agredir a Cuba; se intensificó el bloqueo económico y financiero, se diseminaron plagas y enfermedades, se prepararon sabotajes y atentados a los dirigentes cubanos; pero hubo que negociar la paz en Angola y la independencia de Namibia con Cuba.

El problema de Cuba llevó a Bush a tratar de dañar la imagen de Cuba en el campo de los derechos humanos y a recrudecer el bloqueo con la Ley Torricelli, la caída de la URSS y el campo socialista, les hizo suponer que Cuba no resistiría; y la fruta no cayó.

El problema de Cuba llevó a Clinton a enturbiar las relaciones con Cuba, con la propuesta y firma de la Ley Helms-Burton, el caso del niño Elián, manipulado por la mafia de Miami; y al juicio político de los héroes cubanos, acusados de acciones que no habían realizado. El regreso de Elián fue una victoria del pensamiento y la verdad de Cuba sobre las conciencias del pueblo estadounidense.

El problema de Cuba llevó a W. Bush a una alianza fraudulenta con la mafia cubana de Miami, acrecentar la política agresiva contra Cuba, se fortaleció la Ley de Ajuste cubano, se acusó a Cuba de producir municiones bacteriológicas; y con gran desvergüenza, se propuso una “ayuda humanitaria” a Cuba. Una vez más, la fruta no cayó.

El problema de Cuba llevó a Obama, al final de su mandato, a restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba, reconociendo el fracaso de la política del bloqueo, pero sin eliminarlo.

Hoy Donald Trump levanta la bandera de la Doctrina Monroe ante la “amenaza” de la Revolución Bolivariana de Venezuela.

La historia de todas estas administraciones yanquis en sus relaciones con la Revolución Cubana, muestran matices asociados a diversas situaciones internas y externas de Estados Unidos, y aunque algunas administraciones han mostrado un mayor interés en mejorar las relaciones entre ambos países, las condicionales para que esto suceda evidencian lo contrario: no existe por parte de Estados Unidos la voluntad política necesaria para alcanzar un entendimiento, basado en la convivencia civilizada, en el respeto a la igualdad, la autodeterminación y el respeto a la soberanía de Cuba. En todo caso, hay que agradecer a Donald Trump que haya despertado a algunos ilusos que se dejaron dormir con los arrullos del “hermano” Barack Obama, como lo llamó Fidel en una de sus últimas reflexiones.

Este libro de Néstor García Iturbe muestra cómo el problema de Cuba es una alerta de por qué la Revolución Bolivariana de Venezuela representa una “amenaza” para Estados Unidos; y así también, cualquier otro proceso de izquierda en América latina, como lo ha sido Cuba por 60 años.

 

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