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COOPERATIVISMO
El ser y el deber ser
Por Heriberto Rosabal
Un experto cubano en esta materia, Juan Luis Alfonso Alemán, disertó, para esta publicación, sobre la constitución de cooperativas no agropecuarias en Cuba

"Nada más parecido al socialismo que una cooperativa, donde hay equidad, justicia y democracia reales", dijo el doctor en Ciencias Económicas Juan Luis Alfonso Alemán, en intercambio con el auditorio después de presentar su ponencia ante el II Encuentro Internacional de Cooperativismo, celebrado en octubre último en La Habana, en el marco del I Congreso Internacional sobre Gestión Económica y Desarrollo.

Profesor, investigador y Subdirector del Centro de Estudios sobre Desarrollo Cooperativo y Comunitario, de la Universidad de Pinar del Río; directivo de la Red Latinoamericana de Cooperativismo y Vicepresidente de la Sociedad Científica del mismo tema, perteneciente a la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC), Alemán fue el moderador de dicho encuentro y disertó en su ponencia sobre el modelo de gestión social para empresas cooperativas.

Ante actores y estudiosos de la materia en países como México, República Dominicana, Ecuador, Venezuela, Canadá y Alemania, además de Cuba, el investigador respaldó la finalidad social del cooperativismo, establecida desde que surgió en 1844. Establecida, pero no satisfecha, según su argumentación.

"Las empresas cooperativas —expuso— han evolucionado de entonces a hoy como entidades severamente limitadas. Aunque deben estar regidas por objetivos económicos y sociales, han desarrollado mecanismos de gestión que solo tributan al cumplimiento de los primeros y para nada a la consecución de los segundos. Su finalidad social es, sin embargo, lo que la define.

"Llevamos 170 años de cooperativismo moderno y la cooperativa es como quien ha estado caminando con una sola pierna. Los que conocen el cooperativismo de ahorro y créditos saben que, en general, es el que más se ha desnaturalizado. Y una prueba es la experiencia de Colombia, donde prácticamente mantuvo vivo al país durante la llamada década perdida, pero luego ha habido esa desnaturalización.

"Se ha llegado a un cooperativismo cuantitativamente fuerte y cualitativamente débil. Muy fuerte desde el punto de vista económico, pero con identidad muy débil. Ese es el principal motivo por el cual ha sido hostigado en muchos lugares y no ha sido favorecido por políticas estatales. Esa es su principal debilidad".

El experto asegura que la cooperativa es lo mismo en Estados Unidos, que en Cuba, China o Japón. Igual concepción, iguales principios. La diferencia está en los escenarios más o menos favorables para su desarrollo. También apunta que, aunque suele vérsela como empresa de subsistencia, ha demostrado alto potencial de desarrollo y participa grandemente del sistema económico, incluso en países de alto desarrollo como Alemania, Finlandia, Canadá y Estados Unidos.

En cuanto al citado modelo de gestión social, cabe señalar que el Centro de Estudios pinareño lleva unos diez años trabajando en un diseño que permita a ese tipo de empresas cumplir sus objetivos sociales e identificar, definir y practicar una verdadera responsabilidad social cooperativa.

"Para implementar un modelo de gestión social, primero que todo, las cooperativas tienen que definir y asumir cuál es su verdadera responsabilidad social, que lógicamente, no puede ser similar a la de cualquier otro tipo de empresa. No se puede establecer el modelo si antes no se precisa esto.

"La responsabilidad social de la cooperativa debe ser un compromiso obligatorio y consciente con sus asociados, con la comunidad y la sociedad en las que se inserta. Y debe ser practicada no solo hacia dentro, en beneficio de los socios y sus familias, sino también de sus empleados y de la comunidad, que también son parte de su obligación, de su compromiso".

Ahora, ¿cómo hacer? ¿Qué necesita la cooperativa para implementar esa responsabilidad social, para llevarla a la práctica o gestionarla? De acuerdo con el especialista, debe garantizar tres soportes básicos: el ético, el legal y el material.

O sea, primero, tiene que existir una conciencia que posibilite practicar los valores cooperativos, como solidaridad, ayuda mutua, interés por los demás; el humanismo, en suma. Y eso se logra básicamente mediante procesos educativos que deben concebirse para afianzar en los directivos y empleados no solo habilidades técnicas y profesionales, sino también valores y principios. "Ese, lamentablemente, es hoy el lado flaco de la formación cooperativa", subraya el doctor Alemán.

Procesos de educación cooperativa de carácter sistémico y con fundamentos pedagógicos, considera que es lo necesario, y no acciones aisladas movidas por el interés de ejecutar un presupuesto o cumplir alguna norma legal. "Para crear una cooperativa lo primero que hay que tener son cooperativistas. Y eso se logra con formación, con educación, que como se ha dicho siempre es la regla de oro del desarrollo del cooperativismo".

Lo segundo es la cuestión legal, que debe estar dirigida a imponer lo anterior, esa ética, como norma u obligación. El investigador explica que en las muchas cooperativas donde ha estado, la descripción de la misión siempre empieza por el aspecto económico, por la actividad que realizan: cortar caña, brindar servicio de transporte… Y al final, los que se acuerdan, ponen: "para contribuir a satisfacer las necesidades sociales". Así ocurre y debe ser al revés.

"Nadie puede aspirar a consolidar un movimiento cooperativo y su identidad si no refuerza el cumplimiento de sus objetivos sociales. Y si estos no están en ley, entonces hay que ponerlos en estatutos y reglamentos internos", plantea el profesor.

Respecto a la tercera condición, el soporte material, precisa el doctor Alemán: "Las cooperativas son empresas y tienen que ser rentables, tener excedentes y disponer de recursos propios para llevar a cabo los procesos de gestión. Solo con deseos no se satisfacen necesidades. Hay que tener una base material, proveniente de la gestión económica de la cooperativa y a partir de ahí hacer presupuestos sociales, no solo económicos, para satisfacer necesidades de las personas".

Cuba: la expansión cooperativa

El Dr. Juan Luis Alfonso Alemán comenta en exclusiva.

¿Cómo aprecia la entrada en escena de las cooperativas no agropecuarias en Cuba? ¿Va bien el proceso?

Creo que responden a una necesidad objetiva del desarrollo de nuestra economía y sociedad. El papel de la cooperativa, además, no es desconocido para nuestro Estado. Prácticamente es hija de la Revolución. Las primeras, verdaderas, surgieron en la agricultura después del triunfo de 1959, con el objetivo de desarrollarla.

Hoy las condiciones son otras. Necesitamos actualizar algunos aspectos de la economía y a ello la dirección del país dedica máxima atención, incluyendo la expansión del cooperativismo a otros sectores para lograr más eficiencia y real participación de la gente en los procesos productivos. Hay cinco Lineamientos (de la Política Económica y Social) directamente relacionados con el cooperativismo y 36 que se vinculan de distintas maneras.

Creo que es un proceso que va marchando bien, no con prisa, pero sin pausa, como dice el compañero Raúl. Lógicamente, se va monitoreando, evaluando y corrigiendo, porque no hay una receta única. Me parece bueno el diseño para implementar esta forma de gestión, lo cual es un proceso que requiere tiempo para desarrollarse y perfeccionarse. Tengo mucha fe en que esta decisión del país va a rendir buenos frutos.

En el Encuentro usted afirmó que en Cuba la cooperativa es una vía y no una alternativa de desarrollo. ¿Cuál es la diferencia?

Generalmente, las cooperativas surgen de grupos de personas que se asocian para enfrentar algún problema social que ni el Estado, ni otras instituciones les resuelven; gente que, a veces sin respaldo y hasta con la hostilidad del gobierno, acude a sus propias capacidades, esfuerzos y solidaridad como paliativo, alternativa o salida, para asegurarse de algún modo salud o educación, por ejemplo.

Ese no es el caso de Cuba, en cuya política de desarrollo económico y social la cooperativa es un ente socio económico más, incluso con reconocimiento constitucional, como en el caso de las agropecuarias. Aquí la cooperativa no es para resolver aquellas necesidades, sino se convierte también en elemento acompañante, en factor de impulso al desarrollo con la participación del pueblo. Por eso digo que es vía y no alternativa.

Algunas cooperativas no agropecuarias, aún experimentales, surgen de entidades empresariales estatales. Siendo así ¿no corren el mismo riesgo que en su momento las UBPC? ¿Debe surgir espontáneamente la cooperativa o puede inducirse?

Lo de la espontaneidad es un pensamiento bastante extendido. Las UBPC fueron una gran escuela, una medida necesaria y urgente, con defectos derivados del momento histórico en que surgieron, en un país fuertemente acosado por el bloqueo y demás; fue una decisión emergente para rescatar, echar a andar y llevar adelante rápido, desde la iniciativa y la creatividad de la gente, aquellas empresas que estaban prácticamente paralizadas.

Hay sectores estratégicos que el país no cooperativiza, como la educación y la salud, pero muchas otras actividades sí, en beneficio de la eficiencia. El Estado se dedica a lo estratégicamente más importante, a desarrollar los renglones fundamentales y preservar las conquistas sociales.

Donde se identifiquen actividades económicas que pueden realizarse mediante formas de gestión no estatales, incluyendo la cooperativa, hay un principio inviolable: la voluntariedad. Quienes entran en la cooperativa lo hacen conscientemente. Y conozco casos de quienes han decidido no entrar.

Esa es una cosa y la otra es que tiene que haber creación de conciencia, conocimiento de la necesidad. Reitero que primero tenemos que formar los cooperativistas para después formar la cooperativa, para que esta pueda funcionar. Con ese fin tenemos un programa de capacitación en el que participan de conjunto la ANEC, la CANEC, la Universidad de Pinar del Río y algunos organismos globales nacionales.

También tenemos hoy la asignatura de cooperativismo en la enseñanza superior. En la Universidad de Pinar del Río se imparte desde hace casi diez años en las carreras de Contabilidad y Economía. Debe darse en todas las carreras, por la expansión del cooperativismo en nuestra sociedad. Hoy, a un ingeniero electrónico y a un informático les hace falta saber de cooperativas. Ya no son solo los campesinos, los trabajadores agropecuarios.

¿Existe el riesgo de que alguien quiera tutelar a las cooperativas y darles tratamiento de subordinadas?

Puede ser y por eso hay que ir a un estadio superior de atención al sector cooperativo, teniendo en cuenta esta expansión, que ya no es solo la rama agropecuaria, sino casi todas las de la economía. Me imagino que, en medio de esas condiciones, sectorizar la atención al cooperativismo sea desgastador, ineficiente e ineficaz. Creo que hay que ir pensando en crear una estructura institucional que se ocupe de las cooperativas, las supervise, las controle y las atienda.

El cumplimiento del principio de responsabilidad social de las cooperativas ¿no podría verse obstaculizado en las cooperativas no agropecuarias cubanas por exceso de intervención estatal, tanto en lo económico como en lo social?

Pienso que por sus condiciones de desarrollo Cuba se ha visto obligada a una alta centralización en la dirección de la economía, lo que unido al compromiso tan serio del Estado con el pueblo, no demagógico, sino real, de alguna manera puede afectar la iniciativa empresarial, sobre todo en lo que tiene que ver con la disponibilidad de recursos.

Pero eso está cambiando. Hoy se habla, por ejemplo, de cierta autonomía de la empresa, de que disponga de determinados recursos, que no pague depreciación, amortizaciones, de manera que tenga cómo atender esa responsabilidad social directa, que pueda incrementar los salarios de los trabajadores, comprar nuevos equipos, etcétera.

Ese es un contexto favorable para el cooperativismo y su misión.

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