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Cambiar desde las ciencias
Por Raúl Menchaca

"Hoy más que nunca el futuro del país debe ser de hombres de ciencia", dice Juan Triana, uno de los académicos más conocidos del Centro de Estudios de la Economía Cubana, una institución de la Universidad de La Habana.

"Cuba tiene un recurso abundante, o relativamente abundante, y fácil de usar que son las personas calificadas, aunque en los últimos 20 o 25 años ese potencial científico ha sufrido lo mismo por lo que ha pasado el país", apunta sin titubeos en conversación para El Economista de Cuba.

Asegura que para el éxito del proceso de actualización del modelo nacional hay que aprovechar mejor el conocimiento acumulado para superar los problemas generados desde el punto de vista de la eficiencia y la productividad.

Refuerza su afirmación con el argumento de que Cuba es un país pequeño, pobre en recursos naturales y además con apenas 5 millones de hectáreas de tierra arable que se manejan mal, "y eso es ya una verdad de Perogrullo".

"El costo de la explotación de minerales es muy alto. Si nosotros quisiéramos hoy duplicar la producción de níquel en Holguín, tendríamos que destruir una montaña y destruir una montaña es destruir el hábitat de esa montaña, por más que quieras después sembrar árboles o lo que sea", subraya este Doctor en Ciencias Económicas, un título alcanzado en 1999 en la UH.

Sin embargo, el conocimiento es una fuente en la que la economía nacional puede saciar su sed, pues, explica, "si pudieras encontrar un servicio de alto valor agregado, como los servicios médicos u otro parecido, podrías producir más que lo que produces con el níquel y no tienes que destruir el hábitat de nadie, ni contaminar las aguas, ni destruir la desembocadura de los ríos".

Como parte del I Congreso Internacional sobre Gestión Económica y Desarrollo, y a petición de la Asociación de Economistas y Contadores de Cuba, Triana ofreció un concurrido curso sobre Economía del Conocimiento que en tres partes cubrió desde el papel del conocimiento en las tendencias de la economía mundial hasta el peso de esa materia en el desarrollo de un país.

Con el aval de dos Premios Nacionales, uno de Ciencias Sociales, en 1996, y otro de Economía, en 2002, Triana defiende la idea de que el conocimiento es una inversión y no un gasto, por lo que considera un error dedicar los recursos a sectores que de manera inmediata generan ingresos, pues, dice, eso te puede servir hoy, pero a dos o tres años por delante no resuelve el problema. "La concepción es que la inversión en ciencia y tecnología, pero sobre todo en conocimiento, es un gasto, y eso a mi juicio es un error conceptual", subraya.

Por ello, este renombrado economista y excelente comunicador, con un humor casi proverbial, pide hacer una abstracción para considerar al conocimiento como una industria, porque "de hecho hoy para Cuba es la más importante de las industrias al generar casi cinco mil millones de dólares en ingresos por los médicos".

Señala que hay naciones que hasta tienen un ministerio de Economía del Conocimiento, como es el caso de Corea del Sur, que utiliza esa institución para poner en línea a toda la economía del país con los sectores más dinámicos.

"Esas instituciones se convierten en decisivas, por ejemplo, a la hora de participar en la elaboración de estrategias o de ubicar y destinar presupuesto a proyectos y programas", ahonda.

Triana considera que el conocimiento, que siempre ha estado en la base del incremento de la productividad del trabajo, se ha ido convirtiendo cada vez más en un factor productivo directo y lo que antes era quizás algo indirecto o donde intermediaba, hoy se ha convertido en protagonista.

A su aguda mirada científica no escapa el hecho de las ventajas que significan que el conocimiento sea un bien público que puede ser apropiado de manera privada y además, en muchos casos, es un bien no rival, o sea que todo el mundo puede usar sin afectar al otro.

Por eso, el especialista reclama una mayor inversión en la educación superior cubana, algo que los datos evidencian que ha decaído en los últimos años, y rechaza una visión utilitaria que ha hecho recortar el presupuesto destinado a ese rubro.

"Eso hipoteca al país, hace crecer la tasa de dependencia tecnológica e impacta negativamente la habilidad de nuestros sistemas productivos y la competitividad de esos sistemas", afirma sin ambages.

Pero Triana también aporta soluciones, cuando demanda seguir fortaleciendo el sistema de ciencia, tecnología e innovación, algo a lo que Cuba no puede renunciar.

"Hay que fortalecer ese sistema, hay que expandirlo hay que invertir en él, incluso en el caso de que de inmediato no ofrezca frutos, porque si no, estás hipotecando el país de cara al futuro", asevera.

Economía del conocimiento es un término, casi un convenio desde el punto de vista epistemológico, para referirse a un grupo de asuntos asociados a la creación y utilización del conocimiento como factor productivo.

La Humanidad, en el decursar de la historia, se ha ido desplazando, en los países avanzados, desde la agricultura hacia la industria y después hacia el sector del conocimiento, o sea hacia industrias donde la utilización del conocimiento tiene un alto peso.

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